terça-feira, 6 de janeiro de 2015

¿Cómo decirle al pobre que Dios lo ama?


 

 Soy un convencido de que no hay compromiso con los pobres –en realidad con nadie– si no tenemos amigos entre los pobres. La amistad personal es capital en la opción por los pobres. No es un compromiso contra la pobreza simplemente. Es un compromiso con los pobres que nos mueve a estar en contra de lo que 
les provoca sufrimiento

Entrevista a Gustavo Gutiérrez
 
Gustavo Gutiérrez Merino nació en Lima, Perú, y en su juventud vivió en los barrios pobres de la sociedad limeña, donde tuvo el primer contacto con este segmento marginado de la sociedad. Estudió en la Facultad de Medicina en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos entre 1947 y 1950, con la esperanza de ser psicólogo. Sin embargo, decidió que quería ser sacerdote y entró en el seminario de Santiago de Chile. Su trabajo como estudiante prometía mucho y, de acuerdo con las costumbres del día, fue enviado a Europa para complementar y proseguir con sus estudios de posgrado, dándole la oportunidad de estudiar en Bélgica, Francia y Roma antes de ser ordenado sacerdote católico en 1959. Cursó estudios de especialización en Lovaina y en Lyon. Fue asesor nacional de la UNEC (Unión Nacional de Estudiantes Católicos) y profesor de Teología Dogmática y de Ciencias Sociales en la Universidad Católica de Lima.

Actualmente, Gustavo Gutiérrez es considerado como el iniciador de la llamada Teología de la Liberación. Su obra se presenta como una crítica del estado de pobreza y de esclavitud del pueblo latinoamericano y revaloriza teológicamente los esfuerzos de liberación que se llevan a cabo en dicho Continente. Su obra La teología de la liberación (1971) ha sido traducida a varios idiomas. Cuenta, además, con otros libros de profundo impacto social, como son Teología desde el reverso de la historia (1977), La fuerza histórica de los pobres (1982) y, el más reciente, Pobre y para los pobres. La misión de la Iglesia (2014) escrito a la par con el cardenal Gerhard Müller.
Gustavo Gutiérrez nos habla sobre la perspectiva que tiene de la teología como acción pastoral.
Vida Pastoral: ¿En qué sentido la acción pastoral es un aliciente para el pensar teológico?
Gustavo Gutiérrez: Porque me parece que toda teología debe estar orientada al anuncio de la Palabra. Es en función de la predicación –en el sentido más amplio y profundo del término– que reflexionamos sobre la fe. La teología no es una metafísica religiosa, no es un trabajo individual, sino que se hace al interior de la comunidad cristiana y al servicio de su misión que es anunciar el Evangelio. La tarea misma del anuncio del Evangelio –que es lo que llamamos pastoral, en esta imagen rural– es muy provocadora. Algunas de las cosas que he podido trabajar, por ejemplo el libro de Job, me vienen justamente del trabajo pastoral: el sufrimiento del inocente, que no tiene una explicación fácil: ¿por qué un inocente sufre? El sufrimiento en general es muy difícil de comprender. Pero cuando digo “difícil de comprender” quiero decir que la fe, más que resolver una cuestión filosófica sobre el sufrimiento, sobre el mal, es más bien una manera de vivir con eso, teniendo como marco el amor gratuito de Dios. ¿Por qué, como muchos otros, me puse a trabajar en la elaboración de un libro de Job? Su tema es la gratuidad, el amor gratuito de Dios que ni siquiera esa terrible experiencia –el dolor– lo elimina.
Vida Pastoral: ¿Nos cuesta mucho, desde ciertas estructuras pastorales, hacer la experiencia de la gratuidad? ¿Cómo debe entenderse la gratuidad en medio de las estructuras pastorales?
Gustavo Gutiérrez:  La Iglesia está formada por un conjunto de hombres que tienen la gracia y al mismo tiempo son pecadores: esto es una viejísima idea. Sin embargo, testimonios de la gratuidad de Dios los hemos tenido a lo largo de la historia de la Iglesia y en los últimos tiempos muy claramente en la Iglesia latinoamericana. Testimonios impresionantes. Pero también hemos tenido contra-testimonios, intencionales o no, de ciertas manipulaciones de la fe cristiana para justificar intereses personales o de grupo. Ambas cosas están presentes. Creo que la gratuidad no es una dimensión más. Es el corazón del mensaje evangélico y del mensaje bíblico en general. Dios no nos ama porque somos buenos sino porque él es bueno. Y si nosotros debemos ser como él, pues tanto mejor. El amor de Dios está presente en toda persona, incluso en quien rechaza o cree rechazar ese amor gratuito de Dios. Pero no se trata de una cosa puramente “religiosa” o “espiritual”. Ser amados gratuitamente es una de las aspiraciones humanas más profundas. Todos queremos ser amados gratuitamente. Más aún: tenemos miedo de que nos quieran por nuestros méritos, porque sabemos que nuestros méritos, intelectuales, espirituales, físicos, van a desaparecer, y tenemos miedo que ya no nos amen. La aspiración más profunda es ser amado por nosotros mismos, no porque lo que seamos capaces de hacer o por lo que tenemos. Entonces la gratuidad se convierte en algo muy profundo. La liturgia no es otra cosa que algo gratuito, por eso es que se expresa con signos. Pero gratuito no significa arbitrario. Es aquello que sale espontáneamente de una persona; es un amor hacia otra persona, no exactamente por sus méritos.
Vida Pastoral: ¿La Iglesia ha dado pasos para convertirse a esa gratuidad y ser instrumento de ella?
Gustavo Gutiérrez:  Sí. De lo contrario no podríamos comprender aquello que es tan importante en la Iglesia y en la teología que hemos hecho en América Latina, es decir la opción preferencial por el pobre. El fundamento último, se puede decir, es el amor gratuito. No hay que amar a los pobres porque son mejores que otros –son seres humanos, y por lo tanto la gracia y el pecado cruzan sus corazones–, sino porque Dios los ama gratuitamente, y no por sus posesiones o méritos. En Puebla, el documento que es “opción preferencial por los pobres”, se dice varias veces que la Iglesia tiene que convertirse a esta opción. Cuando se habla de convertirse, en sentido bíblico, no se quiere decir que antes no se haya hecho nada. Ocurre que es algo permanente. Y hay, naturalmente, cristianos que nos recuerdan esa gratuidad. Los mártires en América latina –Romero, Angelelli, los jesuitas de El Salvador, los catequistas de Honduras– son testigos de ese amor gratuito de Dios y alimentan nuestra fe y nuestra esperanza.
Vida Pastoral: Apoyándote en Bartolomé de las Casas, te gusta hablar en tus obras de América Latina como el continente de la “muerte temprana”. Desde allí defines la misión de la Iglesia como la de anunciar al Dios de la vida en medio de esa muerte. ¿Qué podrías decirnos sobre ello?
Gustavo Gutiérrez:  Creo que la pobreza, en última instancia, es muerte. Y es bueno recordarlo porque a veces la pobreza parece un problema “social” que se limita a ser atendido por los organismos de las Naciones Unidas, el Banco Interamericano de Desarrollo, la FAO, la OMS… Lo que quiero decir es que la pobreza no se reduce a eso. En última instancia es muerte, muerte temprana y muerte injusta. De ahí esa cita de Bartolomé de la Casas que recuerdas. Él tuvo la intuición de ver lo que le sucedía a la población autóctona de este Continente: estaban muriendo antes de tiempo. Y morían de varias maneras: muerte física, muerte cultural, razas despreciadas, la condición femenina considerada como inferior (formas de matar a quienes forman parte de estos sectores). Y es por eso que hemos ido tanto en la reflexión latinoamericana a hablar de un Dios de la vida, que es, además, el don gratuito por excelencia: si estamos en vida es porque no hicimos nada antes. Nuestra vida comienza por la gratuidad. La resurrección, jamás llamada “milagro”en la Escritura, es la victoria definitiva sobre la muerte. Si somos testigos de la resurrección, es que anunciamos a un Dios de la vida. Y cuando digo “vida” me refiero a todas sus dimensiones: material y espiritual. Insisto en ello porque a veces en un contexto cristiano hablamos de la vida “sobrenatural” como si fuera lo único. En realidad, si es sobrenatural, y si no tuviera lo natural, se quedaría sin sustento. La vida física misma es un don del Señor. La gran pregunta en América Latina es ¿Cómo anunciar al Dios de la vida en un continente marcado por la muerte? También por la muerte que es la indiferencia y el egoísmo de quienes ven que una gran parte de esta población vive en condiciones inhumanas... Una de las cosas más graves de los últimos años es que la distancia entre sectores ricos y pobres es cada vez mayor. Proporcionalmente, los pobres son más pobres ahora. Y por pobreza no entiendo únicamente la dimensión económica; creo que los elementos culturales, raciales y de género son dimensiones de la pobreza. De allí que hablemos del pobre como del “insignificante”. No porque haya seres humanos insignificantes ante Dios, sino porque el pobre es “insignificante” ante la sociedad. Y la indiferencia frente a eso es también una forma de muerte. Ésa es la gran pregunta: ¿Cómo decirle al pobre que Dios lo ama? Porque la vida del pobre parece ser la experiencia del no-amor, porque no es respetado en tanto que es persona. Y nosotros cristianos estamos llamados a decirle al pobre que Dios lo ama, y que lo ama preferentemente. En mi parroquia yo trabajaba con la hipótesis (a veces expuesta en mi predicación dominical) de que un día alguien levantará el brazo y me dirá: “Usted es un gran humorista. Cada domingo nos dice que Dios nos ama, más aún, que nos ama en primer lugar, preferentemente, y usted ve cómo vivimos nosotros…”. Me ayudaba pensar en esa ficción para tener un lenguaje un poco más concreto y saber que no tengo una respuesta total a esa pregunta. Porque si no formalizamos todo nos llenamos de palabras: “¡Dios nos ama!”, pero ¿qué testimonio estamos dando? ¿Cómo acogemos a estas personas y nos preocupamos de sus intereses, de sus esperanzas?
Vida Pastoral: El anuncio del Evangelio, además de la acción y el compromiso, ¿no debe estar acompañado también por ciertos silencios?
Gustavo Gutiérrez: Por momentos ese es nuestro único recurso. No debemos pretender saberlo todo sobre Dios. Hay gente que habla de Dios como si hablara con él todos los días, y lo sabe todo, todo… Francamente, me parece de suma importancia que hay que saberse callar y decir “no lo entiendo humanamente”. “¿Por qué tal desgracia en mí familia?”... “No lo sé. Sólo sé que a pesar de eso Dios me ama”. Debemos dar testimonio de eso... Creo que hay un sentido de nuestro límite humano que hay que saberlo dar con mucha sinceridad. A veces los cristianos lo sabemos todo y todo lo explicamos. Y luego hay que saber vivir con profundidad, incluso, las pequeñas alegrías de la vida. Soy un convencido de que no hay compromiso con los pobres –en realidad con nadie– si no tenemos amigos entre los pobres. La amistad personal es capital en la opción por los pobres. No es un compromiso contra la pobreza simplemente. Es un compromiso con los pobres que nos mueve a estar en contra de lo que les provoca sufrimiento. Debemos entablar un compromiso con quienes están padeciendo una situación inhumana. A veces hemos hablado de la pobreza casi como algo ideal. Eso es un horror. La pobreza no es austeridad. La pobreza no es comer poco; eso es una dieta… La pobreza es no ser nadie. Y porque no eres nadie, no puedes comer, no te respetan, no tienes trabajo…Y hay que recordar que para Dios cada uno es alguien.
Ésa es nuestra tarea: recordar que toda persona, incluso un criminal, tiene derechos humanos. Es muy duro decirlo, porque la tentación de venganza, incluso en el mundo cristiano, es muy fuerte. La gente a veces responde con la violencia porque cree que es más eficaz. Pero hoy en día, con los medios de violencia que tenemos y de los que casi cualquier persona puede disponer, vemos más claro que no tiene ningún sentido responder con violencia, como no lo tuvo nunca.
Vida Pastoral: ¿Qué reflexión te merece este mundo en donde la invocación a lo religioso, a lo trascendente, a Dios o a los “dioses”, parecen hoy estar sembrando la muerte y también provocando desconcierto en los propios creyentes?
Gustavo Gutiérrez:  Esa es una de las cosas más dolorosas de la actual crisis internacional: este apelar a Dios, al Dios cristiano (al que han apelado como un Dios castigador, que divide el mundo entre buenos y malos) o al Dios de la religión musulmana. Sabemos lo complicado, lo terrible e intolerante que es la violencia...
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Nota: El departamento de Dirección de la revista Vida Pastoral de México agradece a Gustavo Gutiérrez la oportunidad que nos ha dado de compartir su persona y su pensamiento.

segunda-feira, 5 de janeiro de 2015

O mercado do narcisismo

Luiz Felipe Pondé*


Uma nova geração de seres humanos parece estar chegando. Alguns arriscam chamar de "novos jovens". 

Uma geração que não sofre das fraquezas comuns dos mortais. No terreno dos afetos, ciúmes e inseguranças comuns no mundo romântico, eles parecem ter resolvido um drama muito antigo que é o medo de não ser amado. 

Desde a separação da atriz Gwyneth Paltrow e seu ex-marido Coldplay no ano passado e suas declarações no Facebook de que "agora" a família deles estava melhor e que eles não sofreram com o fim do casamento, uma enxurrada de casais bem resolvidos desfilam na passarela. Nós, os miseráveis ultrapassados, que não sabemos o que fazer com nossas inseguranças, babamos de inveja desta geração de bem nascidos sem ciúmes. 

Eu, que desconfio de todo mundo bem resolvido, não engulo esse papinho furado típico do marketing de comportamento. Não creio no avanço moral da humanidade, duvido dessas declarações felizes. Mas, se são falsas, de onde elas saem? 

Fácil de adivinhar: saem do velho e bom narcisismo contemporâneo. Esta cultura, baseada no fracasso do investimento na prole e em vínculos duradouros, cai bem num mundo de gente bem resolvida. Existem até psicoterapeutas e psicanalistas que começam a abraçar a causa da cultura do narcisismo afirmando que narcisistas são melhor adaptados ao mundo contemporâneo porque não sofrem dos sofrimentos imaginários dos neuróticos que idealizam o amor. 

Isso mesmo, um desses dias a psicanálise, que tanto resistiu às baboseiras do século 20, tombará sob o peso do mercado do narcisismo. 

O mercado do narcisismo, além de investir em apartamentos singles com um parque de diversão na área social, vende, basicamente, estilos de vida e modas de comportamentos. Essas modas se concentram no cotidiano. Alimentação, lazer, trabalhos sem muito vínculo, relacionamentos solúveis na busca de autoestima. 

A simples ideia de que narcisistas resolvem melhor a vida já demonstra a raiz da hipótese: a solução para a insolúvel vida afetiva é não ter muitos afetos afora aqueles que são autorreferenciais. Todo mundo muito bonitinho na fita, se roendo por dentro, mas vendendo a pose de que é uma geração de evoluídos. 

A tese segundo a qual esse comportamento seria uma evolução psíquica nasce, ao final, da aceitação de uma certa vertente do pensamento pós-moderno. Esta tese pressupõe que, terapeutas, ao supor que pessoas "blasés" com relação a solidez dos vínculos são, na realidade, pessoas com pouco amadurecimento psíquico, e, portanto, doentes, fere a natureza essencialmente socio-histórica do ser humano. Complicado? Nem tanto. 

O pensamento pós-moderno tem uma vertente "otimista" segundo a qual tudo é historicamente construído, e, portanto, muda. Nada é perene. Não existe uma "natureza humana" (ponho entre aspas o termo para que os inteligentinhos não venham com suas críticas de Facebook ao conceito de natureza humana) a nos atormentar desde as trevas da ancestralidade. Tudo muda, basta você mudar sua alimentação ou forma de se locomover na cidade. Um novo estilo de se vestir gera toda um processo de evolução anímica. 

Seguindo este raciocínio, supor que o "normal" seria as pessoas buscarem relacionamentos perenes (e que aqueles que não o fazem seriam, portanto, imaturos) é ser anacrônico e fazer demandas atávicas para jovens que superaram a necessidade desses mesmos relacionamentos mais consistentes. 

Não é à toa que um comportamento light como esse é, normalmente, acompanhado de baixa fertilidade (por escolha ou mesmo por causas psicossomáticas). Filhos demandam uma certa perenidade e bastante generosidade. Características pouco comuns em narcisistas. 

Agora, se você tem um paciente que parece um zumbi alegre na vida afetiva, não assuma que ele deveria ser diferente. Assuma que você é um ultrapassado e que pessoas pós-modernas podem ser bem resolvidas e não precisam de afeto como você. Por isso, elas são tão bonitinhas o tempo todo em eventos culturais por aí. Flanam pelo mundo livremente porque (quase) ninguém depende delas. Fofos e velozes. 
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* Filósofo. Escritor. Prof. Universitário
Fonte: Folha online, 05/01/2015
Imagem da Internet

domingo, 4 de janeiro de 2015

Uma sociedade de risco, um sociólogo em pleno

Gustavo Cardoso*
 
Beck foi um dos grandes sociólogos europeus contemporâneos, uma categoria que partilha com seus pares e amigos como o catalão Manuel Castells, os ingleses Anthony Giddens e John Thompson ou o francês Michel Wieviorka. A sua obra A Sociedade de Risco, traduzida em mais de 30 línguas, coloca-o entre os três grandes sociólogos alemães do pós-guerra com maior influência mundial, a par de Jürgen Habermas e de Claus Offe.

Beck fazia parte da geração de sociólogos europeus do pós-guerra que conheceram uma Alemanha dividida, que viveram a criação da Comunidade Europeia e que se habituaram ao mundo dividido por uma "cortina de ferro" com início na Europa.

A geração de Beck foi iniciada, na sua carreira de sociólogos, numa abordagem marxista, mas acabou por viver a queda do Muro de Berlim e compreender que apenas o recurso ao conceito de luta de classes não lhes permitiria compreender as desigualdades e as forças em oposição num mundo cada vez mais globalizado. Beck, tal como muitos outros alemães, viveu o fim da Guerra Fria, mas esteve sempre ciente que esse fim estava muito longe de anunciar o fim da História e das contradições entre quem exerce o poder e aqueles que vivem o dia-a-dia das consequências das decisões políticas e económicas nas nossas sociedades.

A obra mais conhecida de Beck, A Sociedade de Risco, foi publicada originalmente em 1986, mas existem outras obras suas igualmente fundamentais na influência do pensamento sociológico e político contemporâneo, como por exemplo: Ecological Politics in An Age of Risk (1995), Democracy without Enemies (1998), What Is Globalization? (1999) e Power in the Global Age (2005). Beck estudou temáticas tão diferentes, mas inter-relacionadas, como a modernização, a reflexividade, a globalização, a individualização, a transferência de poder do trabalho para o capital ou o cosmopolitismo.

Beck tentou sempre responder a como poderia a sociologia lidar com a transformação radical global introduzida nas nossas sociedades pelas crises financeiras globais, pela destruição ambiental em larga escala, pelo aquecimento global ou pelo enfraquecimento da democracia, dos estados e das suas instituições.

A sociologia nasceu para o estudo das sociedades no quadro dos estados-nação. Beck questionou ao longo de toda a sua obra como lidar com a vida em sociedade quando a acção e as decisões se deslocam para o plano global mas a maioria das populações continua a viver localmente.

Beck foi um sociólogo do seu tempo. Nasceu em 1944 num território então alemão e que hoje é polaco. Viveu o despontar dos interesses ecológicos nas sociedades contemporâneas europeias e a consciencialização do perigo da acção humana sobre o ambiente em função da experiência vivida através de grandes catástrofes ambientais ou da generalização de que a acção humana na modernidade pode colocar em causa a própria vida no planeta.

Sociedade de risco
 
Foi esse viver contemporâneo alemão e depois europeu que o levou a desenvolver a sua teoria da sociedade de risco. A importância do conceito de sociedade de risco pode passar desapercebida no nosso dia-a-dia, mas cada vez que lemos um jornal ou vemos um telejornal estamos a viver essa sociedade de risco, pois temos a noção do perigo que é viver na nossa época.

Temos a noção dos perigos que corremos por via das alterações climáticas, da poluição produto da radioactividade das centrais nucleares que explodem ou podem explodir, das contaminações alimentares em larga escala, das epidemias modernas ou renascentes. No entanto, não entramos em pânico perante o risco, vivemo-lo e assimilamo-lo, seja opondo-nos às suas causas, seja exigindo que quem governa, quem detém a produção, quem é proprietário cumpra as suas responsabilidades para com os restantes, protegendo-os do risco. Esta visão do mundo, que é a nossa, é radicalmente diferente de outras épocas em que o risco não era “nosso conhecido”. A reflexividade inerente ao conhecimento do risco era ausente e Beck soube explicar-nos porque o nosso mundo era diametralmente diferente e qual o poder que nos era conferido, ao podermos agir sobre o risco e mudar as nossas sociedades.

Beck foi um sociólogo e investigador mas também um intelectual europeu activo. Foi-o quando aceitou em 2011 o convite da socialista Martine Aubry para escrever no livro Pour changer de civilisation, dissertando sobre a necessidade de uma política interna global que rompa com as “cinco cegueiras” associadas à política nacional na era de globalização.

A primeira das “cinco cegueiras” políticas, segundo Beck, é a “cegueira global”, sintetizada na expressão “não se pode fazer política contra os mercados”, uma afirmação que esconde o facto de serem as próprias acções dos políticos que criam essa pretensa impotência política.

A segunda é a cegueira “nacional”, ou seja, o excesso de confiança na acção ao nível nacional. Assenta na ideia de que será possível regressar a uma bem-sucedida gestão interna, através de políticas dirigidas exclusivamente ao espaço nacional.

A terceira cegueira é a “neoliberal”, ou seja, acreditar que com o fim da Guerra Fria a globalização neoliberal solucionaria tudo – ideia profundamente arrogante e errada. Os riscos globais de mudança climática, as crises financeiras, o terrorismo e as catástrofes ecológicas, como as do Golfo do México, demonstram que essa perspectiva é um erro de proporções bíblicas.

A quarta cegueira reside no “neomarxismo”, ou seja, na defesa de princípios que nos impedem de ver o “novo”: por exemplo, a transferência de poder do norte para o sul do planeta, do Atlântico para o Pacífico, do dólar para o euro ou a quebra de estatuto do velho centro euro-americano enquanto exemplo e autoridade moral.

E, por último, a “quinta cegueira”, a da ilusão tecnocrática, trocando processos por resultados e menorizando a importância da democracia e da liberdade.

Desde o início da crise global de 2008 que Ulrich Beck assumiu um papel público de crítica ao funcionamento das instituições alemãs na gestão da crise nos estados periféricos do Euro. Para Beck a chanceler alemã, Angela Merkel, exemplifica um princípio de orientação política que pode ser designado por “merkiavelismo”. Como dizia Beck, o que vemos na crise do euro é a construção europeia de uma Europa alemã. No fim de contas, a defesa da austeridade constitui um pilar da prática do “merkiavelismo”, com vista à construção de uma Europa e de um euro alemães.

A sociologia é o estudo das sociedades e o papel dos sociólogos é duplo. Por um lado, dar atenção ao que os rodeia e compreendê-lo; por outro, ajudar à mudança social fazendo uso do seu conhecimento sobre a realidade. Ulrich Beck foi um sociólogo em pleno.
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Gustavo Cardoso é investigador do CIES-IUL em Lisboa e investigador associado do Collège d'études mondiales da FMSH em Paris
Fonte:  http://www.publico.pt/culturaipsilon/noticia/uma-sociedade-de-risco-um-sociologo-em-pleno-1681173?page=-1

Gianni Vattimo:‘Há uma despolitização geral’


Desiludido com a democracia europeia, filósofo italiano clama por uma transformação radical do capitalismo, mas não consegue imaginar uma revolução nos dias de hoje: ‘Não duraria três dias’

 
OMÃ — Aos 79 anos, o filósofo italiano Gianni Vattimo está cada vez mais inconformado, revolucionário e à esquerda no tabuleiro político ideológico do mundo. A ponto de se declarar um “anarco-comunista” e dizer que só não pega hoje em armas para implodir o sistema porque “vão me destruir imediatamente”. Na conferência “Valores compartilhadores em um mundo de pluralismo cultural”, organizada pela Academia da Latinidade, no Sultanado de Omã, em novembro, Vattimo queixou-se da falta de emoção na política do mundo ocidental. Em entrevista exclusiva ao GLOBO, este filósofo do pós-modernismo, discípulo do alemão Hans-Georg Gadamer e influenciado por Martin Heidegger, explicou sua desilusão com o sistema capitalista. Vattimo reabilitou até a falida União Soviética, ao falar sobre seu seu último livro, “Comunismo hermenêutico — De Heidegger a Marx” (inédito no Brasil), escrito a quatro mãos com o espanhol Santiago Zabala. Porém, depois de quase uma hora de entrevista pregando revolução, ele encerrou a conversa reconhecendo que suas ideias incomodam — é persona non grata na imprensa italiana — e pedindo para ser “poupado”: “Faça a coisa mais razoável possível, hein?”, recomendou, em tom de brincadeira.

O senhor diz que a política no mundo ocidental não tem emoção. Como assim?
Comecemos por dizer que não há participação. Se examinar o histórico das recentes eleições na União Europeia, numa eleição na região de Emilia Romagna (norte da Itália), apenas 37% dos eleitores apareceram para votar. Há uma despolitização geral.

Por falta de emoção?
Por falta de motivação, o que também é emocional. Nos pedem continuamente para sermos comportados, isto é, não termos emoção e apenas considerarmos cifras, orçamento, dívida. Por isso as pessoas não participam mais da política. Antes nós éramos vítimas de uma doença ideológica. Eu mesmo sempre estigmatizei esta ideia italiana de ideologizar tudo. Na Itália dos anos 50, se você era crente, votava com os democratas cristãos. E se fosse comunista, era ateu. Isso durou até os anos 60. Depois as pessoas se deram conta que sob o manto da religiosidade, tolerava-se toda a corrupção do partido governante. A classe dirigente italiana dos anos 50 vinha da resistência antifascista. Eram pessoas engajadas que tinham uma moralidade na política.

Com muita emoção na política, não há risco de se cair no populismo do estilo Hugo Chávez (ex-presidente da Venezuela)?
(Risos) Sou um chavista feroz! Ele fez uma grande revolução. O analfabetismo na Venezuela foi quase eliminado durante o regime de Chávez. Tudo bem, não é a perfeição. Mas se compararmos com a Europa, a América Latina é a única região do mundo onde algo novo se passou dos pontos de vista político e social. Mesmo no desenvolvimento da Índia ou da China, não houve nenhuma transformação radical. Eles se desenvolveram seguindo uma linha tipo capitalismo de caridade, moderado.

A Venezuela está mesmo melhor hoje?
Por que a Venezuela não está melhor hoje? Talvez porque (chavistas) viveram somente da venda do petróleo, sem desenvolver suficientemente uma indústria local. Este foi o erro, paralelamente aos erros dos governos anteriores, que atuavam simplesmente como colonos, com os grandes países ocidentais indo lá para obter lucro. Antes era pior. Não havia uma política de saúde pública, o que existe hoje. É um pouco como Cuba: há muita gente da América do Norte que vai se curar em Cuba porque a medicina é boa e não custa tão caro como nos países capitalistas. A atitude dos Estados Unidos em relação à Venezuela é um pouco como sua atitude em relação à Ucrânia. Há um descontentamento local e basta cultivá-lo um pouco para estimular (a revolta) e dar ares de um conflito social. Estimula-se e depois envia-se tropas para resolver as coisas. O presidente da Ucrânia que foi afastado, por ter se eleito democraticamente…

É difícil defender o caso da Ucrânia…
(Vattimo interrompe a pergunta) É difícil ter uma revolução comunista num só país, este é o problema. Foi o problema de Stalin e Lenin, nas discussões com Trotsky. Não estou convencido de que Trotsky tinha razão, mas evidentemente o infortúnio do stalinismo na União Soviética era também por conta da pressão exterior dos capitalistas e também pressão psicológica. Stalin teve como único defeito ter querido imitar o capitalismo rapidamente. Quis provocar um desenvolvimento muito rápido da indústria pesada, mas foi isso que nos salvou do nazismo. Não foram os Estados Unidos que nos salvaram do nazismo, foi o Exército Vermelho. Em todo caso, eu exagero. Mas o que quero dizer é que a Venezuela é um país rico em recursos. Tem defeitos e talvez tenha também a corrupção… Veja no Brasil!

O senhor vê, então, positivamente o que se passa também na Venezuela, no Brasil ?
No Brasil, certamente. Dilma Rousseff venceu, apesar de o Brasil ter perdido a Copa do Mundo. Pensei que seria a ruína. Isso significa que a política de Lula criou uma situação social mais tolerável. As pessoas me dizem: mas você não conhece isso ou aquilo (que acontece na América Latina). Porém, do ponto de vista europeu, a única esperança que temos não é nos tornarmos um Chávez, mas sim recuperar uma situação social onde há um interesse político que seja pelo menos comparável ao da América Latina. É complicado julgar. Quando falo bem de Chávez na Itália, as pessoas reagem, dizem “este caudilho, não tem democracia!” Ok, não tem democracia. Mas a democracia ocidental que vemos na Itália hoje é uma caricatura nojenta da democracia, porque quem ganha eleição é quem tem dinheiro! Tudo bem, vivo na Itália e não quero uma revolução chavista.

Por que não na Itália, se o senhor admira o modelo Chávez?
Porque temos uma quantidade de bases americanas com bombas atômicas suficientes para destruir todo o planeta, além da Itália. Sim, eu gostaria muito de uma revolução. Mas hoje não consigo nem imaginá-la. Não duraria três dias. É por isso que, para mim, o exemplo latino americano é um pouco mitológico. O que me interessa é que a América Latina pode se transformar num polo de equilíbrio internacional que limita a potência americana ou capitalista em geral. E falo também da China, que hoje é proprietária de portos em Nova York, por exemplo.

Os chineses deixaram de ser comunistas há muito tempo…
A China permanece um grande mistério. É verdade que o maoísmo se tornou numa espécie de capitalismo de Estado, se vestindo como socialismo. Não sei quem são os proprietários de hoje na China, se são uma classe burocrática… Na China veem-se todos os limites do comunismo. Como sistema constituído é ainda pior que o capitalismo.

Já se via isso com a União Soviética, não ?
Sim, claro. Mas hoje meu julgamento da União Soviética se tornou muito mais doce. Me dou conta de que o único pecado de Stalin foi querer um país capitalista. Quis imitar (o capitalismo), ao acelerar o desenvolvimento da indústria, o que acabou por matar pessoas e transferir populações internas.

Mas ele matou muita gente por outras razões também, políticas, eliminando todos os seus opositores e foi um dos mais terríveis ditadores, não?
Stalin forçou um desenvolvimento acelerado, impôs uma ditadura etc… Mas a democracia como ela está se tornando na Europa de hoje não é uma democracia: é um sistema gerido por regras puramente econômicas. São os banqueiros. É igual a quando falávamos de pós-modernismo há dez anos, quando as pessoas reagiram dizendo “sim, mas tem isso, aquilo...” No fundo, era apenas a pós-modernidade. Tenho a impressão que é preciso um pouco de mitologia na política para fazer as coisas se mexerem. É preciso utilizar um canhão para matar um mosquito. É preciso um grande mito para poder fazer mudança.

O senhor critica a teoria de justiça de John Rawls (filósofo americano) e o que chama de “utilitarismo moderado”, isto é , atitudes que respeitam os direitos humanos. Mas não é este o ideal de uma sociedade?
Estou de acordo. Mas atenção quando nos limitamos a descrever a sociedade ideal como fez Rawls ou também Habermas (filósofo alemão), que estimo muito, e (a filósofa americana) Martha Nussbaum… Em nenhum momento eles questionam sobre como vamos chegar a uma sociedade deste tipo. Eles imaginam que ela existe. Mas imaginar que sociedades antigas já estavam no capitalismo atual, é uma apologia do capitalismo que eu não compartilho. Por isso falo de paixão. Eu gostaria de mais paixão na maneira na qual possamos realizar um pecado ou começar uma transformação radical da sociedade capitalista. Hoje funciona assim: os capitalistas nos impõem regras a respeitar. E na Europa temos muitos governos técnicos. A Espanha é governada pela direita, e a França por um, dizem, socialista. Mas os dois praticam exatamente a mesma política, a sugerida pelo Fundo Monetário Internacional (FMI).

 "Eu acredito, até como filósofo e como leitor de Nietzsche, 
que a situação do mundo parece como se nada possa 
acontecer ou ser mudado. Heidegger sublinha 
sempre a falta de emergência, a falta até da possibilidade 
de um problema. Porque se não há solução, 
não tem problema."

Depois da queda do muro de Berlim, não há alternativa. O senhor vê alguma?
Você tem razão. Mas quando penso na situação italiana, por exemplo, sou absolutamente contra o governo atual, feito por um jovem (o primeiro-ministro é Matteo Renzi, do Partido Democrata), que se diz comunista mas não é. Silvio Berlusconi (ex-primeiro ministro, de direita) continua a governar com ele. Se é só isso que temos, este tipo de democracia, isso não quer dizer que é a boa escolha. Não se deve fazer apologia da única possibilidade existente.

Sobre a falta de alternativa, então, pode-se concluir que…
Eu acredito, até como filósofo e como leitor de Nietzsche, que a situação do mundo parece como se nada possa acontecer ou ser mudado. Heidegger sublinha sempre a falta de emergência, a falta até da possibilidade de um problema. Porque se não há solução, não tem problema. Nós não podemos nem definir a situação problemática em que nos encontramos. Uma riqueza que se multiplica por si própria sem modificar a condição da população: é o que Marx chamava de produção de dinheiro pelo dinheiro. O que fazemos? Deixamos o bancos falirem? Se não salvamos os bancos, não teremos dinheiro para pagar os funcionários públicos no final do mês. Portanto, é preciso salvar os bancos, não importa como! Sei que descrevo isso tudo de uma forma filosófica e que vejo como uma grande maquinaria que nos condiciona e nos controla. O controle social dos indivíduos aumenta progressivamente. Sempre nos explicaram que, se mantivermos o bem estar coletivo, a democracia vai ser mais estável. A estabilidade é exatamente manter a ordem atual. A diferença entre ricos e pobres que existia há 40 anos é mantida hoje. Portanto, não é verdade que democracia atual leva à estabilidade! Temos que pensar em outra coisa.

Falando de emoção, qual a sua opinião sobre o extremismo no Oriente Médio?
Na minha opinião, não é um fenômeno religioso, evidentemente. É político. É um extremismo que se dá como razão o religioso, o filosófico, para se revoltar contra um sistema que não funciona. Quero dizer, extremistas são, em geral, pessoas que não vivem bem. Eles são o novo proletariado de Marx motivado não apenas pela pobreza, mas também por uma tradição cultural. O que assusta mais são os jovens ocidentais que vão lutar (ao lado do Estado Islâmico).

Como se explica isso ?
É a fraqueza e a intolerância do nosso sistema de vida, penso.

É culpa de nossa democracia, então ?
Sim, é a culpa de nossa democracia. E não é só isso. Há uma violência urbana que se espalha mesmo no esporte. Há uma tal quantidade de revolta que assume formas diferentes. Às vezes toma a forma da violência de uma equipe de futebol contra a outra. Às vezes, toma a forma de violência urbana, criminalidade etc. Temos realmente um sistema de disciplina social que estimula a indisciplina e a necessidade de se opor.

Não é muito fácil criticar o Ocidente, explicando o fenômeno de ocidentais que se uniram ao Estado Islâmico por culpa da democracia? E os regimes árabes, não têm culpa ?
Não sei muito sobre isso. Conheci um pouco o Irã, que não é árabe, mas muçulmano. Tenho a impressão que não é tão violento quanto acreditamos. Hoje o Estado Islâmico decapita os reféns. É apenas uma linguagem local. É como apedrejar por adultério.

E o senhor acha isso normal?
Não acho isso normal. Digamos que é parte de uma civilização diferente da minha, que eu não aprovo nem compartilho. Mas você sabia que, no final da Segunda Guerra Mundial, os americanos poderiam não ter jogado a bomba atômica no Japão? Se quisessem demonstrar algo, poderiam ter convencido os japoneses, mas tiveram centenas de milhares de mortos. Me dá arrepio esta ideia de ser decapitado como uma galinha. E não concordo de jeito nenhum. Mas é toda uma imagem acentuada para desenvolver o terror. Vivemos num regime de terrorismo exercido, sobretudo, pelas nossas mídias. O verdadeiro terrorismo, este do Estado Islâmico, ajuda a manter a disciplina no interior (dos grupos). Sei — e repito — que é difícil imaginar um sistema diferente. Por exemplo, um sistema de mídia menos monopolizado, menos dirigido pela vontade única de estabilização da desordem atual, poderia ajudar.

Se o senhor fechar os olhos e imaginar um mundo utópico, qual seria ele?
O que me impede de imaginar um mundo utópico é justamente o fator utópico da nossa civilização, que é a tecnologia. Não dá mais para pensar numa transformação basicamente agrícola de nossas sociedades, de trabalho humano, de grupo. Uma divisão social do trabalho que não seja autoritária, e que não comporte muita diferença de posição social. O que me escandaliza no nosso mundo é que a diferença entre a riqueza e a pobreza cresceu nos últimos 30 anos. Então, deve ter algo que não funciona.
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Reportagem por

Mania de pequeneza

 Paulo Gleich*
 
Começou lá pelos dois anos, aquela época em que a conquista de alguma firmeza sobre as pernas e de mais destreza com as palavras leva as crianças a se acharem gente grande, mesmo ainda não sendo. Tinha opiniões sólidas e convictas sobre tudo, e delas não arredava pé. Exibia orgulhoso para os adultos suas pequenas façanhas corporais, como se merecessem medalhas olímpicas.

Suas bravatas inocentes encontravam a admiração cúmplice de alguns, porém se chocavam com a puritana modéstia de seus pais, que tratavam de puxá-lo para a dura realidade. Sem ainda bem entendê-la, conheceu a expressão que lhe era repetida: que mania de grandeza! O que supostamente deveria aproximá-lo da realidade e de seu verdadeiro tamanho funcionava, porém, como uma puxada de tapete. A exibição de seus recém-conquistados poderes não impressionava – pelo contrário, incomodava – aqueles que mais buscava impressionar: os pais.

Os repetidos fracassos nessa empreitada acabaram levando-o a guardar em algum recôndito da alma sua onipotência infantil, para que não se quebrasse de vez. Em seu lugar, foi adotando, pouco a pouco, outra mania: a de pequeneza. Nunca era bom o suficiente, sempre havia um problema, o fracasso ocupou o lugar do sucesso em sua mira. Parecia ser esta a forma de obter o almejado amor dos pais: mostrar-se fraco, pequeno, indigno de expor seus atributos, reais ou fantasiados.

À medida que crescia, pagava, sem se dar conta, os juros da alienação de sua incipiente potência. Tirava boas notas na escola, mas nunca era suficiente: sempre havia uma nota não tão boa que lhe confirmava seu já antecipado fracasso. Sofria com isso, sem se dar conta que assim correspondia, inconscientemente, ao que imaginava ser a condição para ser amado. Seu amor-próprio moldara-se à imagem e semelhança do amor imaginado dos pais, condicionado a uma humildade que maquiava uma crescente autodepreciação.

Pouco ousou ir atrás de coisas que despertavam um estranho comichão que às vezes sentia e que fazia seus olhos brilharem, pois fazer isso era cutucar a adormecida potência transformada em mania de grandeza. Esta, às vezes, chegava a sair da jaula: sentia-se grande e forte, mas face ao primeiro impasse cambaleava e caía, comprovando mais uma vez que era o chão o seu lugar. Pouco a pouco, foi cavando um buraco do qual mal conseguia espiar para fora.

Adulto, ressentia-se do sucesso e do orgulho alheios, atuando como um habilidoso promotor que desmontava qualquer tese de defesa dos réus, condenados já de antemão em seu rigoroso tribunal. Sem se dar conta, aplicava ao mundo, com severidade ainda maior que a de seus pais, a máxima de que qualquer demonstração de orgulho e amor-próprio é pecado capital a ser expiado para evitar um mal maior, que nem sabia bem qual era. Ignorava, porém, que sua posição apenas incomodava e afastava de si os outros. O maior prejudicado era ele mesmo, sobre quem recaía a mesma virulência condenatória.

A superioridade moral que atribuía à afirmação de sua insignificância e de suas falhas acabaram fazendo de sua mania de pequeneza uma nova mania de grandeza, esta sim imune às puxadas de tapete – porque era delas que se alimentava. Seu ferido narcisismo infantil acabou dando lugar a outro, bastante mais sólido, bastante mais nocivo que a ingênua megalomania daqueles tempos.

Em algum momento, a dor e a solidão tornaram-se tão insuportáveis que caiu de vez. Começou a suspeitar que talvez houvesse algo errado com a ficção que havia montado para dar sentido ao mundo e à vida. Com o esforço, o tempo e a paciência que isso requer, refez a trajetória que havia trilhado até então, revisitando aqueles momentos que pareciam esquecidos no passado nos quais sua nascente potência havia recuado após sofrer duros golpes. Acusou seus pais por seu infortúnio, mas depois percebeu que também eles haviam sofrido de forma semelhante. Perdoou a eles e a si mesmo, o que lhe permitiu ser mais benevolente com os outros, mas sobretudo consigo mesmo. Segue tentando descobrir seu real tamanho, mas já sabe que não é nem tão grande, nem tão pequeno.

O bombardeio constante de mensagens para tentar elevar nossa autoestima talvez diga de como fracassamos com frequência nessa tarefa. Se somos cegamente apaixonados por nós mesmos, não permitimos a aproximação do outro e caímos com qualquer tropeço; se nos vemos muito pequenos, não acreditamos que merecemos crescer e aparecer. Em O Filho de Mil Homens, Valter Hugo Mãe escreveu: “ser o que se pode é a felicidade”. Que possamos, neste ano que inicia, não recuar do trabalho de tentar ser quem se pode: nem tão grandes e onipotentes, nem tão pequenos e impotentes.
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* PAULO GLEICH É JORNALISTA E PSICANALISTA. 

Fonte: ZH online, 04/01/2015

Pensar nunca funcionou

Martha Medeiros*

O músico uruguaio Socio compôs uma balada linda que se chama Fan de Faith no More e que escuto com frequência, apesar de uma parte da letra me intrigar. Lá pelo meio da canção ele diz pensar nunca funcionou, e a cada vez que ouço esse verso, penso: não, Socio, não é bem assim.

Logo me ocorrem várias experiências que vivi que só foram compreendidas através do pensamento, e todas as boas conversas que tive com amigos e que resultaram em mudanças de pensamento, e tudo o que escrevi movida pelos meus pensamentos, e todas as noites em que perdi o sono por causa dos meus pensamentos, e todos os filósofos que formataram e deram sentido aos meus pensamentos, e todas as consultas ao psicanalista em que meus pensamentos foram cirurgicamente dissecados, e todas as discussões que brotaram porque meus pensamentos não combinavam com os dos outros, e todas as escolhas que fiz só depois que o meu pensamento autorizou, sem falar na superioridade que o ser humano se outorga por ter o privilégio de pensar e os bichos não.

Com que topete vem alguém dizer que pensar nunca funcionou?

A maior prova de que pensar funciona é que depois de muito pensar nesse verso acabei chegando à conclusão de que ele revela uma verdade, só que foi mal transmitida.

Pensar demais nunca funcionou. Faltou o advérbio de intensidade.

Pensar, a gente pensa mesmo que não queira. Estamos condenados à atividade cerebral, cada um fazendo bom uso ou mau uso dos neurônios que têm. Não é a isso que Socio se refere na música, imagino. Ele se refere a pensar demais. O demais ficou subentendido, é o que deduzo.

Pensar demais é uma insanidade, o que explica o fato de nós, mulheres, sermos todas meio dementes. Pensar demais é um autoboicote, pois depois que se atravessa a fronteira do pensamento controlado e se entra no território do pensamento obsessivo a cabeça da criatura começa a fundir e a soltar fumacinha, até a explosão final.

Pensando demais, a gente ultrapassa a sensatez e vai dar numa zona de turbulência que faz alguns parafusos se soltarem da fuselagem. A coerência desaparece e a fantasia assume o manche. Deveria haver uma sinalização de alerta quando a gente começa a pensar demais: desastre a 100 metros, desastre a 50 metros, desastre na próxima curva – pare!

Pensar demais é desperdiçar um tempo em que você poderia estar amando demais, se divertindo demais e levando a vida a sério de menos. É uma corrida em que sempre se passa voando pelo ponto de chegada, perdendo o rumo. É não ter freio para evitar o descarrilamento de ideias que nunca serão recolhidas, ficarão largadas na pista, sem dono. Pensar demais é uma estrada sem limite de velocidade, um convite ao desatino.

É o que penso. Moderadamente, como é recomendável.
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* Escritora.
Fonte: ZH online, 04/01/2015

“O perfil jovem hoje pode estar desvinculado da idade”

 

COM A PALAVRA RONY RODRIGUES

Com trajetória errante e, acima de tudo, empreendedora, Rony Rodrigues, 35 anos, galgou espaço no mercado encontrando brechas que hoje permitem que ele trabalhe em casa, talvez de pijama, enquanto não está viajando pelo mundo. As reuniões da Box1824, empresa de pesquisa que criou em 2003, não ocorrem em amplas salas fechadas. Muitas vezes, os encontros são em bares ou ao redor da piscina. Depois de largar a faculdade de Turismo no primeiro ano, ele encontrou na Publicidade um ambiente desafiador. Retrato de uma geração a qual decidiu se dedicar, buscou nas lacunas do mercado uma oportunidade de negócio. A Box1824 especializou-se em traduzir as tendências de consumo, cultura e comportamento dos jovens com trabalhos que não são embasados em intuição ou análise de comportamento, mas em técnicas de pesquisa. Psicólogos, antropólogos e outros profissionais da empresa, ao identificarem perfis com capacidade de transformar, descobrem o que vai estourar ali na frente. Mas nem sempre as informações ficam restritas a grandes multinacionais como Unilever, PepsiCo, Itaú, FIAT e Nike, que chegam a investir alguns milhões por essas respostas. Vídeos como We All Want to be Young e All Work and All Play, de autoria da agência, tiveram visualizações que chegaram aos sete dígitos no YouTube, e um termo cunhado por eles para ser a tendência em 2014 foi a palavra mais buscada no Google na área de moda no ano: “normcore”, que significa uma “vontade de ser normal”. Embora prefira preencher a ficha dos hotéis com “empresário” no espaço da profissão (é sócio de cinco empresas), há pouco tempo Rodrigues definia-se como analista de tendências, um pesquisador das transformações dos jovens. Algo que faz com a propriedade de quem consegue mudar a forma como grandes corporações (cada vez mais interessadas nesse público) fazem negócios.

Qual o seu principal instrumento de trabalho? Pesquisa, intuição ou vivência?

Entrevistar pessoas. Quando temos um desafio, vamos para as ruas entrevistar pessoas, ver o que elas estão sentido, suas percepções, ver o que imaginam do futuro, as convidamos a projetar esse futuro. A partir daí, percebemos se o que falam repete um padrão que já existe ou altera o padrão. Quando altera, é um indicativo de tendência. Ali, a gente começa a perceber que determinado pensamento muda a cabeça das pessoas. Muita gente acha que pesquisar tendência é estar ligado no que está acontecendo, em cima da intuição. Mas é pesquisa pura. Entendemos que o ser humano é a peça fundamental.

O Brasil é um país bom para buscar tendências mundiais? A nossa grande presença na internet ajuda nisso?

O Brasil é um país superjovem. Além de ser jovem em história, tem uma onda numerosa em termos de juventude. A gente percebe que em muitas coisas o Brasil não é um país conservador. Às vezes, se vê na Europa, em determinadas cidades, jovens muito mais conservadores, principalmente quando o assunto é sexo e consumo. Somos ainda um país bem aspiracional em termos de tendência.

No que veremos esse jovem brasileiro de hoje se transformar?

Há um movimento muito grande de politização. Quinze ou 20 anos atrás, ninguém diria que o jovem combinava com política ou gostava disso ou que esse era um assunto legal. No último um ano e meio, vimos um movimento sobre o jovem começando a se conectar com a política e, mais do que isso, esse tema se tornando um assunto legal para ele. A gente viu os jovens indo para a rua, fazendo política na rede, fora dela e, muitas vezes, de uma maneira não institucional, sem se vincular a partidos, à igreja, ou a outras organizações. É muito interessante ver como eles podem hackear o sistema político sem ser pelas vias comuns.

Você pode comparar as previsões das pesquisas, os comportamentos durante as eleições e até mesmo o resultado nas urnas? Eles conversam entre si?

A gente fez essa pesquisa em 2011 e já indicávamos que os jovens estavam prontos para ir às ruas. Identificamos que eles tinham alto poder de mobilização e que faziam microrrevoluções. Eles já participavam de pequenos grupos de atuação política e, em algum momento, por algum motivo, esses grupos iam se unir quando houvesse um assunto em comum. E os R$ 0,20 foram perfeitos, porque isso passa por todo mundo. Outro ponto que a gente trouxe nessa pesquisa foi a dualidade. Jovens que se conectavam muito com a política institucional tinham mais inclinação a partidos de esquerda, e jovens que trabalham muito fora da política institucional tinham muito mais ligação a partidos de direita. E foi o que a gente viu, uma turma bem dividida.

Mas esse jovem está mais politizado ou só participou do cenário da grande onda?
Ele está mais politizado. A gente fez uma pesquisa chamada Sonho Brasileiro da Política, e ela mostra que 24% dos jovens se conectaram mais com política depois das manifestações, o que é um número grande. São 24% além dos que já se interessavam por isso.

E de que forma esses jovens impactaram o resultado das urnas?

Se falou muito sobre política, o jovem usou muito a rede para falar disso, para entender, debater. Então, acho que não existiu uma reforma ainda porque não teve tempo de esse jovem se transformar em um militante, poder concorrer para mudar alguma coisa. A gente viu as pessoas começando a falar muito mais de política e esse é o caminho. Tenho certeza de que as gerações que estão chegando estarão mais preparadas.

Corrupção, golpes baixos nas eleições, apego dos políticos aos seus salários. Esse noticiário negativo espanta ou atrai o jovem? A reação é “vou me meter nisso pra ajudar a consertar” ou “vou largar de mão e tocar a minha vida porque estes adultos não têm jeito mesmo”?

Outra coisa que mudou muito é que os jovens estão com vontade de entrar na gestão pública, no setor público. Se a gente fizesse essa pergunta há 15 anos, ninguém ia querer entrar nisso. Eu estive em um grupo da Fundação Estudar, eram seis jovens finalistas, e quatro deles iam trabalhar com gestão pública. Isso mostra que eles querem entrar para intervir. A gente vê todo o movimento hacker, de transparência, o Vote Na Web, MeuRio, Minha Sampa, movimentos que já dialogam com a política institucional e tentam intervir de alguma maneira.

Em junho de 2013, os gaúchos foram importantes no início dos movimentos. Os jovens gaúchos têm algo de diferente?

O jovem gaúcho lê bastante, é super bem informado e, uma das coisas mais interessantes, é empreendedor. Há seis meses, o governo da Suécia convidou seis empresas brasileiras inovadoras para falar sobre empreendedorismo e quatro eram gaúchas, a Box1824 entre elas. O Estado é um polo empreendedor. Isso é uma das coisas mais interessantes dos gaúchos, essa criatividade e a vontade de serem donos do próprio negócio. É uma característica do jovem de hoje, hackear, entender um processo e refazê-lo de outra maneira.

Se fala que a geração adolescente hoje vive um deslumbramento com a tecnologia. As crianças que estão nascendo agora vão se adaptar melhor a isso, quer dizer, vão entender essa revolução como algo natural, sem tanta “dependência”?

Esses jovens nativos digitais nasceram pós-1989. Começaram a ler e escrever ao mesmo tempo que tiveram contato com a internet. Eles têm, então, uma relação muito mais natural com com os meios digitais, com a tecnologia. A gente enxerga eles como viciados ou muito mais dependentes, mas eles não se sentem assim, já nasceram adaptados a essa presença. Têm a questão da privacidade totalmente alterada, não é a mesma que a nossa. Esse crescimento em ondas exponenciais, as pessoas terem grandes audiências de um minuto para o outro, a própria linguagem. É o jovem que trafega de forma muito mais fácil nesse mundo.

E essa maneira de ver o mundo impacta na vida profissional. Como uma grande empresa, construída em outra era, deve se adaptar a isso?
Esse jovem de hoje é movido muito pelo gamefication. Ele entrou dentro da lógica da internet, do videogame. Então, ele precisa de feedback constante, ter acesso a tecnologias de ponta, desafios permanentes. Uma das questões que as empresas estão apanhando muito é na retenção desse jovem. E não vale só para empresas não digitais. Google e Facebook estão tendo de criar coisas novas para mantê-los, pois são muito mais flexíveis a mudanças. Eles querem passar de fase. Então, é preciso trazer uma promessa e uma condição muito legal para se sentirem desafiados. A relação de emprego, que está virando de trabalho, vai ser muito mais a de propor um projeto. Apresentar algo com um objetivo, com início, meio e fim, faz com que esse jovem se sinta fisgado.

Como vocês classificam as pessoas analisadas?
A gente tem os alfas, que têm um comportamento atípico e disruptivo. Eles influenciam os betas, mas não necessariamente influenciam o todo, o mainstream. Esse grupo é de 1% a 3%. Logo depois temos os betas, que são jovens que olham para o alfa, olham para a mídia editorial e traduzem o comportamento para o maisntream. Eles representam de 10% a 15%. E depois temos o mainstream. Essa cadeia de influência foi desenhada na década de 1930, nos Estados Unidos, que tinham o trendsetter (criador de tendências), o early adopter (o cliente primário, um dos primeiros a adotar um novo produto) e o mainstream (popular, uma corrente dominante). Para conversar com as massas é preciso atingir o early adopter. Nós o chamamos de beta. A diferença da Box1824 foi dizer que isso é dividido por comportamento. Você pode ser totalmente alfa quando o assunto é política e totalmente beta quando o assunto for xampu e mainstream quando o assunto for carro. A gente mostrou que as pessoas são definidas de acordo com cada segmento. Então, para anteceder o que vai acontecer, pesquisamos com os betas.

De que forma os pesquisadores da academia reagem às pesquisas de vocês? Há críticas?
Não. Hoje, a gente tem verba de pesquisa qualitativa que ninguém tem. É difícil uma universidade ter o mesmo volume de verba para pesquisa que a Box1824. Além de termos muitas ferramentas, temos muitos profissionais que são da academia, e a maneira como a gente pesquisa não se difere em nada de como a academia pesquisa. É exatamente igual, a gente só está totalmente voltado para o mercado.

O que vocês estão prevendo para 2015?
O nosso próximo vídeo é sobre o excesso de consumo e como isso vai ser visto como algo extremamente prejudicial. Como o colesterol foi, nos anos 80, um grande indicativo do que fazia mal à saúde do ser humano. Vamos mostrar como cada vez mais o consumo vai impactar na vida das pessoas. Vão existir mecanismos para mostrar o quanto cada um está prejudicando o mundo a partir da produção do lixo, do que gasta, do quanto consume de energia, desperdiça água. Esses indicativos vão existir e mostrarão o quão ruim é o consumismo, não o consumo em si, mas o excesso, e como ele vai prejudicar o mundo.

O debate sobre aquecimento global vai começar para o grande público?
Se a gente for fazer um paralelo, a imagem de uma pessoa comendo muito já foi considerada código de luxo. Hoje em dia, o mercado, por toda a questão do bem-estar, não quer se associar ao glutonismo. Acho que é a mesma coisa que teremos com o consumismo. Essa ideia de uma mulher com closet lotado de roupa, cheio de sapatos, que no Sex and The City (séria americana de TV), até pouco tempo, era algo que muitas mulheres sonhariam em ter, acho que nos próximos anos será considerado uma imagem totalmente horrível.

E a educação? As escolas também precisam mudar para atender a essa geração?
A gente vê um crescimento absurdo da educação informal. Há muitos cursos e escolas que trazem excelência na qualidade, mas nem sempre reconhecidos. Outra coisa é o aprendizado tangencial. São várias empresas de games e universidades investindo pesado nisso: você vai jogar um game aprendendo história, matemática, de uma maneira leve e tudo a ver com esse jovem de hoje. Outra é a descentralização do estudo, o ensino a distância que possibilita muito mais gente aprender por um custo menor.

A sua vida acadêmica breve e incompleta autoriza outros jovens a buscarem sucesso no mercado da mesma forma?
Eu não incentivo as pessoas a serem exatamente da mesma maneira porque cada um tem a sua história, a forma como constrói a sua vida a partir das oportunidades que encontra. Mas eu, de fato, repeti o colégio três vezes, depois fiz supletivo, entrei na faculdade de Turismo, fiz um semestre, larguei. Fui morar nos Estados Unidos, trabalhei de pedreiro, engraxate, em posto de combustíveis. Juntei um dinheiro, fui morar na Espanha, fiz o Caminho de Santiago e lá uma pessoa me falou que eu deveria ser publicitário. Voltei a Porto Alegre e ouvi no rádio o anúncio de uma vaga para estágio em uma agência de publicidade. Fui selecionado e, em seis meses, ganhei um leão em Cannes. Eu tive sorte, se for ver esse percurso. Mas sempre fui muito predestinado, corri atrás dos sonhos, tentei arranjar um jeito de fazer, fui um jovem hacker. Tentei entender como funcionava um sistema e como poderia ser atuante. Eu trabalhei muito, me esforcei muito, mas tive muita sorte de encontrar as pessoas certas que me deram oportunidade.

Vocês trabalham com previsões de consumo, principalmente. Dois anos antes das manifestações, vocês previram essa geração interessada em política, em senso de comunidade. Em 2014, o termo “normcore” foi o mais buscado no google na área de moda, uma expressão que vocês já tinham apontado em uma pesquisa. Esse é o tipo de retorno que vocês esperam?
Nesse caso, foi engraçado. O Hans Ulrich, um dos maiores curadores de arte do mundo, nos convidou para desenhar, com a K-Hole, a grande tendência de 2014. Isso foi em outubro de 2013. A gente se juntou com esse coletivo de Nova York e criou o conceito de normcore. Identificamos que as pessoas ficariam cansadas de estar na última moda, de ter a melhor selfie, de ter essa pressão de sempre ser o primeiro, e cada vez mais iam sair dessa corrida dos ratos e viver da forma mais normal possível. Então, isso é o normcore. Bem na semana de moda, muita gente começou a falar disso, os desfiles estavam sem tantas roupas chamativas, a moda abraçou muito a tendência, saiu no New York Times, na New Yorker, a Michele Obama falou da tendência, Karl Lagerfeld falou, então, deu um grande buzz nos Estados Unidos. O conceito ficou muito vinculado à moda, mas não era o que queríamos, queríamos provar também que as pessoas não iam ter essa necessidade de ter o mais especial do último momento.

Na pesquisa batizada de “Youth Mode”, além do “normcore”, o ser normal, vocês também falavam da morte da idade.

A gente perguntou para diversas pessoas de idades diferentes o que é ser jovem e criamos vários conceitos sobre isso. A partir daí, fomos perguntar para gente das mesmas idades sobre eles. E aí vemos que alguém de 25 anos pode ser mais velho do que alguém de 45. Pelos conceitos que elas mesmas ditaram e que definem o que é ser jovem. A gente chegou à conclusão de que não existe mais a idade como se imagina. O perfil jovem hoje pode estar desvinculado da idade. Isso pode ser visto no consumo. A gente vê mulheres de 40 anos consumindo moda para meninas de 18 anos, e meninas de 18 anos consumindo determinados produtos cosméticos para mulheres de 40 anos. Não existe mais essa definição tão clara.

Essa percepção mudou as pesquisas de vocês?

Quando trabalhamos com betas, não interessa tanto a idade, mas o comportamento dessa pessoa. Se essa é uma pessoa que tem um comportamento jovem, um comportamento beta, ela é o nosso material de estudo independentemente da classe social e da idade. Outro movimento muito forte que vimos foi o “unclassed”. Antigamente, imaginava-se que toda tendência vinha de uma classe alta para uma classe baixa. E isso não é mais verdade. Vemos movimentos grandes que começam no mainstream, na classe C, em outras classes e vão subindo até o topo da pirâmide socioeconômica. O próprio sertanejo, que era de classe C, hoje é totalmente vinculado à classe A. Tem o funk carioca. Vários que são de baixo para cima.

As próprias relações pessoais tendem a mudar também.

Estamos vivendo uma fase muito interessante. Outra das grandes discussões que estão por vir é a do espaço público. Para que ter carro se haverá um “Google Car” que te garante o ir e vir? Para que serve a garagem se todo mundo tiver smart cars? Tem o Airbnb, por exemplo, que são as pessoas ampliando o uso de seus espaços internos. Ele já é quase maior que a rede de hotéis Hilton. A gente começa a ver o quanto é interessante essa questão do compartilhamento. E como isso vai impactar a economia. É uma tendência que já está acontecendo. O senso de propriedade vai mudar muito.
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bruno.felin@zerohora.com.br
Reportagem por BRUNO FELIN
Fonte: ZH online, 04/01/2015

Recenseamento

Luis Fernando Veríssimo*

No samba do Assis Valente Recenseamento, o “agente recenseador” vai ao morro e esmiúça a vida da cantora. Quando vê a sua mão sem aliança, encara para a criança que dorme no chão e pergunta se o seu moreno é decente, do batente ou da folia. Um agente recenseador moderno esmiúça a vida dos cidadãos até um certo ponto, e é inimaginável que se meta em pormenores como o do samba. Não lhe interessa se o moreno da cidadã é decente, do batente ou da folia. Na minha opinião, talvez devesse voltar a interessar. Olha aí, IBGE.

– Notei que a senhora não usa aliança...

– Não sou casada.

– E essa criança?

– Tenho um moreno.

– E ele é decente?

– Como assim?

– É do batente ou da folia?

– Precisa responder isso?

– É obrigatório. Olha aqui os espaços no questionário: “Batente” ou “Folia”. Preciso preencher um.

– Então bota aí “Batente”, mas não muito.

Entende, IBGE? “Batente” ou “Folia” representaria mais do que apenas estar empregado ou preferir a gandaia. Ser do “Batente” significaria ser um cidadão honesto, trabalhador, bom provedor da família. Em suma, decente. Já a categoria “Folia” englobaria todas as maneiras possíveis de ser o oposto de “Batente”. Folia, no caso, não seria sinônimo só de festa, de Carnaval o ano inteiro. Incluiria corrupção, pequenas e grandes falcatruas, mau caráter em geral...

Claro, “Batente” e “Folia” não seriam categorias estanques. Um cidadão pode ser do “Batente” mas estar desempregado. Ou pode estar empregado, trazendo dinheiro pra casa, ajudando a cidadã a criar as crianças, mas sendo, disfarçadamente, da “Folia” também. E muitos recenseados que se declaram decentes podem estar mentindo. Mas acho que, mesmo imperfeito, um recenseamento bisbilhoteiro como o do samba nos daria uma boa ideia do caráter da maioria do povo brasileiro. Os do “Batente” superariam os da “Folia”, longe.

Na letra do Assis Valente, a cantora diz: “Fiquei pensando e comecei a descrever tudo, tudo de valor que o meu Brasil me deu. Um céu azul, um Pão de Açúcar sem farelo, um pano verde e amarelo, tudo isso é meu. Tem feriado que pra mim vale fortuna, a Retirada da Laguna vale um cabedal. Tem Pernambuco, tem São Paulo, tem Bahia, um conjunto de harmonia que não tem rival”. Mas o samba também diz que na casa da cidadã e seu moreno “tem um pandeiro, tem cuíca e tamborim, tem reco-reco, cavaquinho e um violão”. Quer dizer, folia no bom sentido.
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* Jornalista. Escritor. Cronista da ZH
Fonte: ZH online, 04/01/2015
Imagem da Internet

sábado, 3 de janeiro de 2015

Por que as pessoas estão tão ocupadas?

 
 O progresso econômico e os avanços tecnológicos já reduziram bastante as horas de trabalho por dia, e nada indica que essa tendência não irá continuar, mas as pessoas estão 
cada vez mais ocupadas

As previsões soam como promessas: no futuro, as horas de trabalho serão poucas e as férias longas. “Nossos netos”, disse John Maynard Keynes em 1930, trabalharão em torno de “três horas por dia” e provavelmente só por escolha. O progresso econômico e os avanços tecnológicos já reduziram bastante as horas de trabalho por dia, e nada indica que essa tendência não irá continuar. Carros velozes e recursos cada vez mais sofisticados para poupar tempo garantem mais rapidez e trabalhos menos árduos em todos os aspectos da vida. Os psicólogos sociais estão preocupados: o que as pessoas vão fazer com seu tempo livre?

Mas, apesar das previsões de mais tempo ocioso, as pessoas estão cada vez mais ocupadas. No mundo corporativo, a “constante escassez de tempo” é um motivo de preocupação de executivos de diversos setores e está se agravando nos últimos anos, segundo os analistas da empresa de consultoria McKinsey. Essa sensação de falta de tempo é mais intensa em pais que trabalham. Quanto aos recursos para poupar tempo, muitas pessoas reclamam que os dispositivos eletrônicos como PDAs, celulares, smartphones, tablets, entre outros, prendem a atenção delas o dia inteiro, tanto quando estão presas no trânsito, navegando em sistemas de mensagem de voz ou ocupadas enviando e-mails às vezes urgentes.

 Por que as pessoas sentem-se tão pressionadas pela questão do tempo? Essa pressão pode ser atribuída em parte à percepção. Em média, as pessoas em países desenvolvidos têm mais tempo de lazer do que antes. O tempo de lazer aumentou muito na Europa, mas mesmo nos Estados Unidos as horas dedicadas ao lazer estão aumentando desde 1965, quando as pesquisas formais sobre o uso do tempo começaram. Os homens americanos trabalham quase 12 horas menos por semana, em média, do que há 40 anos. Nesse período as horas do trabalho assalariado das mulheres tiveram um aumento expressivo, mas, por outro lado, o tempo gasto com tarefas domésticas, como cozinhar e limpar a casa, diminuiu ainda mais, graças às lavadoras de louça, máquinas de lavar, micro-ondas e outros aparelhos modernos, além do fato de os homens ajudarem um pouco mais nessas tarefas do que antes.

O problema, então, não é a quantidade de tempo que as pessoas dispõem, e sim como veem a questão do tempo. Desde a primeira vez que um relógio foi usado para cronometrar o trabalho assalariado no século XVIII, a ideia de tempo associou-se ao dinheiro. Quando as horas são quantificadas em termos financeiros, as pessoas preocupam-se mais com sua distribuição, ou seja, como poupá-las ou usá-las de maneira lucrativa. À medida que as economias crescem e a renda aumenta, o tempo torna-se mais valioso. E quanto maior for o valor atribuído a alguma coisa, mais escassa ela será.
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Por que o governador decepciona

David Coimbra*

Num domingo de manhã, tempos atrás, fui ao Trader Joe’s para reabastecer a despensa. O Trader Joe’s é um supermercado meio natureba – pelo menos a filial perto da minha casa é. Tem um monte de produtos orgânicos e tal. Eles nem vendem refrigerante, que faz mal para o corpo. Mas bebida de álcool vendem, que faz bem para a alma.

Nesse dia, queria comprar, entre outras coisas, um tinto do Napa Valley, para ver se os americanos conseguiram se equiparar ao Vinhedo’s Valley, de Bento. Mas, quando cheguei à seção de bebidas, surpresa! Não pude entrar. Aí percebi que havia uma fila de pacientes americanos ao lado do acesso ao setor. Fui falar com um deles e descobri o que estava acontecendo: existe uma lei, no Estado de Massachusetts, que proíbe a comercialização de álcool aos domingos até o meio-dia. É uma das chamadas “leis azuis”, as leis com base em tradições religiosas. A ideia é que as manhãs de domingo servem para ir à missa, para se fazer uma pausa de sobriedade e reflexão.

Bem.

Faltavam cinco minutos para o meio-dia. Passado esse tempo, uma multidão invadiu a seção de bebidas e deu de mão nas garrafas de uísque, rum, cerveja e vinho, e acabaram-se a sobriedade e a reflexão.

Você tem de prestar atenção às leis estaduais, por aqui. Os Estados Unidos são, de fato, um país federalista, inclusive (e principalmente) na arrecadação de impostos.

A federação brasileira foi organizada tendo os Estados Unidos como molde, mas não funciona da mesma forma. O Brasil é um país centralizado, o presidente é um rei.

Há uma razão histórica para isso.

Nos Estados Unidos, ao contrário de todos os outros países do mundo, o Estado foi constituído antes da nação. As 13 colônias inglesas eram como que países independentes entre si, embora fossem vinculadas à coroa britânica. Como Uruguai, Argentina e Paraguai, que eram da coroa espanhola.

Então, um grupo de intelectuais se reuniu e criou regras para formar um país. Depois disso, as colônias foram se agregando ao país, como sócios que ingressam num clube, até chegar ao atual número de 50 Estados.

Essa situação colocou a lei no centro da vida norte-americana. Porque os Estados Unidos foram FUNDADOS pela lei. Há um famoso discurso de Lincoln em que ele brada:

“Que o respeito às leis seja transmitido por todas as mães norte-americanas com um bebê balbuciante nos braços. Que seja ensinado em escolas, seminários, faculdades. Que seja mencionado em cartilhas e almanaques. Que seja pregado nos púlpitos, proclamado nas tribunas legislativas e reforçado nos tribunais. Em suma, que se torne a religião política da nação!”

E assim é. Os americanos confiam no sistema, e o sistema é intrinsecamente federalista e municipalista.

Tal realidade não impede que Estados e municípios americanos cometam erros e sejam mal administrados, obviamente, mas a diferença em favor deles é que um Estado brasileiro não tem autonomia nem para ser miserável. Sartori, agora, está assumindo um Estado que só tem uma prerrogativa: de pedir mais ou menos recursos para a União.

O que um Estado brasileiro pode fazer que a União ou o município não façam melhor?

De quatro em quatro anos, o Rio Grande do Sul troca um governador com quem se decepcionou por outro com quem se decepcionará. Não é culpa dos governadores. Talvez os gaúchos tenham uma parcela de culpa, porque esperam demais de seus governadores e acreditam demais na ficção de autonomia do seu Estado. Mas a culpa maior, na verdade, é da estrutura da federação brasileira, que é federação só no nome. Antes da reforma política, o Brasil tinha de passar por uma profunda reforma tributária, mantendo a maior parte da arrecadação onde o imposto é cobrado, tornando o país uma federação de fato. Mas em Brasília vivem reis, e quem vai querer deixar de ser rei?
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* Colunista da ZH. Atualmente mora no EUA.
Fonte: ZH online, 03/01/2014
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