Luis García Montero, poeta y
director del Instituto Cervantes. Fotografía de BERNARDO PÉREZ. Vídeo de SAÚL
RUIZ
El poeta, director del Instituto Cervantes, asume
su condición de “viudo enamorado”, agradece el calor popular tras la muerte de
su esposa, Almudena Grandes, y escribe poemas para atravesar el duelo
Cara a cara con Luis García
Montero
01
ene 2022
La
Nochevieja de 2020 a 2021, Luis García Montero se saltó el toque de queda, se coló en
el hospital donde su esposa, Almudena Grandes, convalecía de su recientísima
operación de cáncer ginecológico y, juntos y solos, tomaron las uvas con las
campanadas de la tele. “Visto hoy, fue la Nochevieja más feliz de mi vida”,
dice el día que nos vemos, vísperas del fin del año 2021, el ya viudo. Estamos
en la enorme sala bajo la impresionante cúpula del Instituto Cervantes de
Madrid. Fuera se está poniendo el sol sobre la plaza de La Cibeles, la calle de
Alcalá bulle de gente que quiere ver las luces navideñas y suena la retreta en
los magníficos jardines del colindante Cuartel General del Ejército. Dentro,
una atmósfera honda y afable lo impregna todo.
Le
acompaño en el sentimiento.
Gracias.
El sentimiento ajeno acompaña, y he tenido la sensación de que el provocado por
la muerte de Almudena era un sentimiento sincero. No una convención. Y eso nos
ha servido a la familia para sentirnos acompañados y, también, darle sentido a
las cosas. En el ambiente de hostilidad y de tensión, se nos olvida que hay una
sociedad real fuera de las redes que no está enfangada por las cosas ni
enfadada con el mundo. Me parece que Almudena, más allá de las tensiones
políticas que planteaban sus novelas, intentó llegar al fondo de la condición
humana, más allá de las ideologías. Y creo que eso fue lo que la gente
reconoció en ella.
¿Ofende
quien quiere o quién puede? ¿Le molestó la ausencia de pésame institucional del
alcalde y la presidenta de Madrid?
Me gusta
que diga “institucional”. Personalmente no eché de menos a nadie; institucionalmente,
sí. Tengo amigos del Partido Popular. Marta Rivera de la Cruz, consejera de
Cultura, estuvo. No eché en falta al PP porque con Almudena y conmigo tiene
poca relación. Mucho menos a Vox. He agradecido el gesto del Ayuntamiento
cuando lo ha tenido y lo eché en falta cuando no lo tuvo.
Su esposa
murió a los 61 años, ¿se cabreó usted con el mundo?
No, eso
significaría querer que a todo el mundo le pasara lo mismo. Soy más partidario
de transmitir esperanza al hablar de cáncer. Nosotros hemos tenido esa mala
suerte, pero hoy, bien cuidada por la sanidad, hay mucha gente que sale
adelante.
¿Ella sabía
que iba a morir?
Nosotros
fuimos optimistas casi casi hasta el final. Estuvimos mucho tiempo creyendo que
lo iba a superar. Después de la operación de Nochevieja y de la quimioterapia,
en una revisión en junio volvió a salir la enfermedad. Cuando empezamos a ver
que la cosa se estaba convirtiendo en un callejón sin salida fue en agosto.
Ella se tomó la enfermedad con la misma disciplina con la que escribía. Había en su
actitud frente al cáncer ese espíritu de esperanza y resistencia. Fue en
octubre y noviembre cuando empezamos a hablar de un futuro sin ella.
¿Cómo se
habla de la muerte con alguien que va a morir?
Ahí hay
una complicidad de silencios. Cuando ella estaba esperanzada, yo sabía que
tenía dudas. Cuando yo estaba esperanzado, ella sabía que yo tenía dudas. Hubo
un momento en que las pusimos en común para hablar de cómo atar cabos que no
podían quedar sueltos.
¿Cómo
fueron aquellos días?
Mire,
venía pensando en una conversación que tuve con el poeta Joan Margarit, cuando él ya
sabía que se iba a morir y me llamó para despedirse. Se había escondido, como
un animal que busca un sitio para morir en el bosque, y se quedó allí a solas
con los suyos, sus sentimientos y su propia vida. Me dijo “Luis, créeme han
sido los días más felices de mi vida”. Me he acordado mucho de eso ahora.
Cualquier persona que acompaña a un enfermo de estas características sabe los
momentos duros que se pasan, pero ahora, en mi memoria, los últimos días
cuidando de Almudena han sido los más felices de mi vida. Ahí se concretó todo.
Nuestros libros, nuestras dedicatorias, nuestra militancia, nuestros hijos,
nuestros viajes, todo eso eran maneras de cuidarnos. Y todo eso quedó claro en
esos días que son duros mientras se viven, pero después son un recuerdo
inolvidable que da sentido a nuestra vida.
¿Es
creyente?
No.
Cuando me preguntaba por la muerte, he recordado estos días un libro de C. S.
Lewis que se llama Una pena en observación. La parte metafísica,
teológica, del duelo, ya sabía yo que no la iba a sentir. Para él, y para mí,
la muerte es más bien un animal doméstico con el que convives, pero que hace
mucho daño. No me pregunto el por qué a mí. Me pregunto por este dolor de ver
una sola toalla en el baño, de no verla sentada al ordenador, de sentarme a ver
una serie y encontrarme con que la tele está hablando y no te está diciendo
nada, porque parece que el sofá donde veíamos la tele es una especie de barca a
la deriva y ahora no tiene rumbo ninguno. Esas cosas tan domésticas, tan poco
grandilocuentes, marcan este primer momento de la pérdida. Espero que esto se
convierta en un proceso de duelo y que la vida pueda volver a cobrar sentido y
la ausencia se integre en una nueva manera de estar en el presente.
Estos
días han corrido ríos de miel en los medios sobre su historia de amor. ¿Nunca
tenían broncas?
Y eso que
ninguno de los dos éramos partidarios de la cursilería. En mis poemas y algunos
textos suyos hay reflexiones sobre las dificultades de la convivencia. Pero la
verdad es que hemos vivido una historia de mucha complicidad. Con las
diferencias normales de criterio sobre los hijos, la intendencia, la
cotidianidad. Nunca vivimos situaciones que llegaran a poner en duda nuestro
amor. Pero ambos reconocimos siempre que el amor no es un cuento de hadas,
tiene sus contradicciones.
Porque
ella era insobornable, pero también terca, o lo parecía.
Ella era
sobornable para cosas que tuvieran que ver con la amistad o el cariño. Presentó
libros que no le gustaban. Fue a cenas a las que no le apetecía, siempre que
fueran de amigos. Pero en lo que se refiere a sus actitudes públicas y
políticas siempre tuvo claro el saber de qué lado debía de estar. Igual te
equivocas, pero siempre estuvo al lado de los débiles antes que del de los
poderosos.
¿Cómo era
la vida de dos escritores legítimamente ambiciosos con su obra? ¿Se espoleaban
al escribir?
Yo soy
poeta. Almudena, novelista. Los poetas tenemos asumido que, por mucho éxito que
tengamos, no vamos a ser superventas. Ella tuvo éxito desde el principio.
Tanto, que tuvo que elegir entre ser famosa o escritora, y ahí también empezó
mi admiración por ella... Lo que no hubo entre nosotros es ningún tipo de celera,
la rivalidad no tenía ningún sentido. En la vida se me ocurrió intentar
competir o ponerme nervioso porque ella vendiera 100.000 ejemplares de una
novela y yo 15.000 de un libro de poesía. Se ha dicho mucho que en el amor hace
falta admiración, y yo estoy de acuerdo. Yo admiraba realmente a Almudena y su
literatura. Y yo siempre me sentí cobijado y admirado por ella. Siempre comentábamos
que era una suerte vivir dos escritores juntos. ¿Sabe eso de estar comiendo y
no hablar porque tienes la cabeza en tu libro? Eso lo comprendíamos
perfectamente el uno del otro.
Sus hijos
han perdido a su madre. ¿Quién consuela a quién?
Ellos me
miman, me tratan como el viejecito viudo al que hay que cuidar y yo intento
estar bien y entero para ellos. Ella reivindicaba la alegría. Su ausencia nos
tiene que unir.
¿Cuál es
el peor momento del día?
Quizá la
noche, cuando voy a acostarme, y entro en la cama y me quedo solo conmigo
mismo. Me cuesta concentrarme en un libro. De repente, te llega un mensaje de
un hijo, o de mis padres, o de un amigo, con una foto, un enlace, un obituario
de Almudena, y se emociona uno. En esta pena observada de la que te hablaba,
analizas tu dolor para hacerte con él. Pero, mira, mis padres viven. Mi padre
tiene 95 años y está bien, pero necesita ayuda para casi todo. Reconoces
también la suerte de poder disfrutar a los 63 años de tu padre y de tu madre.
Peor es quien se muere a los 40. Almudena perdió a la suya con veintitantos y
no la vio envejecer. El ver el deterioro físico es la factura que tienes que
pagar por disfrutar de la vida 63 años, como yo la he disfrutado, y supongo que
con el amor es lo mismo.
¿Teme
pasar a ser conocido como el viudo de España y no como el poeta laureado?
Es que
soy viudo, y, a los 63, tengo edad de serlo. En los libros de Galdós hubiese
sido un anciano. Llevo 40 años escribiendo y no me asusta quedar como el viudo,
tengo mi poesía. Pero han sido 30 años de amor compartido con Almudena, soy un
viudo enamorado y me hace ilusión que se me relacione con ella, porque ella
está en mi obra, y yo en la suya.
¿Habrá
unas coplas suyas a la muerte de su esposa?
Sin duda.
La creación tiene siempre como materia la vida, y una experiencia tan fuerte
tendrá resultado. A lo largo de la enfermedad de Almudena he escrito algunos
poemas, y después de su muerte, un par de ellos también. Supongo que cuando
pase un tiempo lo corregiré y quizá dé por cerrado el duelo. Pero después hay
cosas que forman parte de la memoria y estarán siempre ahí. En todo lo que yo
escriba siempre, Almudena va a estar presente.
ETERNAMENTE VIERNES
El poeta
Luis García Montero (Granada, 63 años) quiso que su obra Completamente
viernes acompañara para siempre a su esposa, la novelista Almudena Grandes.
Por eso arrojó un ejemplar a su sepultura en el Cementerio Civil de Madrid,
donde fue enterrada tras su muerte el pasado 27 de noviembre de 2021, entre una multitud de lectores, políticos y amigos de la
familia que enarbolaban libros de Grandes como último homenaje a la escritora.
El título del libro de García Montero era un guiño a Te llamaré Viernes,
la novela donde Almudena glosaba la historia de amor de ambos y que no gozó,
como el primero, Las edades de Lulú, del beneplácito de la crítica. Un
mes después de la muerte de su esposa, García Montero, director del Instituto
Cervantes, sobrelleva el duelo "trabajando" y escribiendo algún poema
que, con el tiempo, quizá convierta en un libro en su memoria.
Fonte: https://elpais.com/cultura/2022-01-02/luis-garcia-montero-los-ultimos-dias-cuidando-de-almudena-han-sido-los-mas-felices-de-mi-vida.html#?rel=lom?sma=newsletter_diaria_manana20220103m