quinta-feira, 17 de junho de 2021

El peligro del cientificismo. Sobre medicina, médicos y pacientes

Víctor Hernández Ramírez*

Hospital, Médico, Médica, De Salud, Enfermera, Medicina

El Dr. Javier Peteiro Cartelle, al comentar la novela Cuerpos y Almas (escrita por Maxence van der Meersch, en 1943) dice que muchas veces se ha olvidado la figura del médico de familia, del “médico de barrio”, que es el papel que tiene Michel Doutreval, el protagonista de la novela. Y añade que «es principalmente a médicos generalistas o a su equivalente en la novela, el ‘de barrio’, a quienes les es dado realizar del mejor modo ese vieja tarea de curar a veces, paliar con frecuencia y acompañar siempre[1]. Volveré más adelante a esta frase subrayada, con la cual Peteiro define la vocación del médico.

Javier Peteiro, quien es  Doctor en Medicina y jefe de la sección de bioquímica del Complejo Hospitalario Universitario A Coruña (España), también es el autor de El autoritarismo científico[2], una obra importante donde se muestra el auténtico peligro del cientificismo, que es la perversión del pensamiento científico y que ha tenido una influencia cada vez más dominante en la sociedad contemporánea. La obra de Peteiro es interesante porque abre un debate necesario contra los peligros del cientificismo.

¿Qué es el cientificismo? De entrada, hay que decir que el cientificismo no es el pensamiento científico, sino que es un discurso dogmático y excluyente que utiliza el lenguaje y la información científica, pero que los utiliza mal y con unas consecuencias peligrosas. El cientificismo lo hace mal porque ignora varias dimensiones que son fundamentales para comprender la tarea de la ciencia: ignora (o deja de lado) la dimensión epistemológica, la dimensión histórico social y la dimensión ética. Diré algo muy sucinto sobre cada dimensión.

1. La dimensión epistemológica tiene que ver con el problema del estatus de las diferentes ciencias. Hoy en día es muy difícil mantener la vieja separación entre ciencias y humanidades, e incluso entre ciencias “duras” y ciencias “blandas”, puesto que lo que hay en la práctica son ciencias como la física, la química y la biología, que se pueden agrupar como ciencias “físico–naturales” (aunque son diferentes) y, asimismo, existen las matemáticas, que algunos consideran una ciencia formal y otros no (es decir, se debate si el objeto de las matemáticas existe sólo de modo ideal o existe igual en la realidad). Pero, además, existen la historia, las ciencias sociales (sociología, antropología, etc.) y su estatuto científico es algo más complicado, porque sus métodos son de tipo híbrido y su objeto de estudio implica una reflexividad evidente (el objeto investigado implica fuertemente al sujeto que investiga). Y si consideramos la filosofía, la lingüística y el psicoanálisis, veremos que son disciplinas con un estatuto diferente, porque ellas consideran como objeto de estudio fenómenos de una singularidad muy compleja (la conciencia y la no conciencia, el lenguaje) o se plantean preguntas que refieren al sentido y a un “más allá” con respecto a la realidad empírica (que son las preguntas que hace la filosofía).

Pero la dimensión epistemológica también tiene que ver con las condiciones que hacen posible el avance del conocimiento científico: el uso de un método científico está bastante claro en las ciencias físico-naturales (física, química, biología), pero eso no quiere decir que su aplicación sea siempre rigurosa o que se haga exenta de factores ideológicos o, asimismo, de factores de mercado y de prestigio social.

En estos tiempos de la pandemia del Covid–19,  se ha mostrado que muchos discursos de los expertos, que supuestamente están avalados por argumentos científicos, en realidad expresan más la dimensión de competición de las vanidades y los argumentos de persuasión para tener más influencia. El médico Sergio Minué, comenta cómo las rivalidades científicas de los expertos ante la pandemia expresan más esas ambiciones y vanidades profesionales que una auténtica argumentación científica[3].

El Dr. Javier Peteiro, que es un experto en la investigación con análisis clínicos, dice que son muchos los ensayos clínicos que muestran diversas inconsistencias entre la evidencia y la práctica clínica. Y señala que los avances científicos significativos suelen provenir, más bien, de la ciencia básica, y no pocas veces de manera fortuita o inesperada. Y añade que, en el caso de la actual pandemia, se ha visto cómo disciplinas, como la epidemiología, están muy lejos de tener el rigor que desearíamos que tuviese. Con esto, lo que se muestra es la inconsistencia de los argumentos de autoritarismo que pretenden derivarse de la ciencia.

En el ámbito de la epistemología de la ciencia, que tiene que ver con las condiciones y los modos de producir conocimiento científico, lo peor que se puede hacer es abrazar el positivismo más burdo, que tiene la posición ideológica más extremista, pues representa un reduccionismo inaceptable. En el caso de los médicos, pueden hallar un buen ejemplo de ese extremismo ideológico que es el positivismo en el filósofo Mario Bunge[4]. Pero yo les sugeriría que es mucho mejor que lean a Javier Peteiro, en su libro que he mencionado antes, o a Georges Cangilhem[5], filósofo francés, especializado en filosofía de las ciencias y que también era médico.

2. Luego tenemos la dimensión histórico-social de la ciencia, que tiene que ver con el proceso histórico que hace posible la práctica científica moderna (y aquí las interpretaciones difieren: entre quienes afirman que la ciencia nace en Europa, con la base en las matemáticas y la experimentación y no en la razón empírica [Alexandre Koyré]; otros dirán que su continuidad va hasta el mundo greco-romano [Pierre Duhem] y algunos consideran que es un proceso global, y que en otras épocas, siglo XVII, era mayor el desarrollo en China que en Europa [Joseph Needhman]).

Pero, además, la ciencia moderna se origina y desarrolla dentro de otro proceso al que queda ligada de modo innegable: el capitalismo, ese proceso global que se deriva del sistema–mundo que nació en los siglos XVI y XVII (como lo nombró el sociólogo Immanuel Wallerstein) y que se desarrollará en los siguientes siglos. Es así como la práctica científica se vincula con las redes de poder que configuran el mundo capitalista y moderno. Esto lo ha estudiado muy bien el filósofo Michel Foucault, y por cierto, con mucha atención al ámbito de la historia de la medicina.

Aquí, habría que señalar que el estatuto de la medicina no es, estrictamente hablando, el de una ciencia. Cuando ciertos médicos se alinean con el discurso cientificista, o se escudan en el autoritarismo excluyente del cientificismo, olvidan precisamente eso: la medicina no es ciencia. La medicina es una práctica que bebe de la ciencia, del saber científico, y que también hace uso de un instrumental técnico derivado de los avances científicos, como por ejemplo se ve claramente en las técnicas de diagnóstico por imagen, para mencionar un solo ejemplo. Pero es importante recordar que la medicina no es ciencia, sino una práctica que tiene por finalidad la atención de la salud de personas, con una  subjetividad irrepetible. Cito aquí al Dr. Peteiro:

«Sí, hay los ensayos clínicos, y hay un conocimiento del cuerpo a todas las escalas de observación, pero cada paciente es único porque no sólo acude con un cortejo de síntomas, sino con su subjetividad y su diversidad aun dentro de encuadrarse en una misma clase nosológica. La aplicación científica en modo técnico se da claramente en el ámbito diagnóstico (imagen, analíticas…) y se inicia en el orden quirúrgico (el Da Vinci o los transductores cerebrales a sistemas robóticos son un buen ejemplo); menos en el orden propiamente clínico, relacional, en donde cada vez vemos más carencias, especialmente por fijar la mirada de modo parcelado en un hígado, los riñones, el corazón, y, siendo importante eso, no hacerlo de modo global».

Se han descartado en la práctica la anamnesis y la exploración convencional por lo que en su día se llamaron exploraciones complementarias, que pasan cada vez más a primar en el orden de evaluación clínica. El paciente es cada día identificado con un individuo de un conjunto, cuyos elementos se consideran iguales. Los aspectos que tienen que ver con la enfermedad de cada cual, derivados de todo lo que afecta a la variabilidad biológica y a connotaciones biográficas, son muchas veces ignorados.

No es difícil relacionar estas observaciones críticas de un médico e investigador como Javier Peteiro con el contexto histórico-social de la práctica médica: hoy en día las prácticas médicas están condicionadas por formulaciones protocolarias, por estilos de gestión de la salud de tipo capitalista. Asimismo, todo este modelo de medicina, derivado de una visión de negocio, utiliza un lenguaje cientificista, al mismo tiempo que las agendas de investigación son impuestas por las multinacionales farmacéuticas. Es por ello que no son pocos los médicos que abogan por una recuperación del tacto, de la escucha y la mirada clínica que atienda la singularidad de la persona, en la práctica médica.

3. La dimensión ética es posiblemente la más compleja, puesto que aquí estamos en el terreno propiamente político y filosófico: ¿sobre qué base actuar y tomar decisiones ante lo que llamamos la salud de una persona o ante la salud colectiva, como en el caso de una pandemia?, ¿esas bases se derivan de un saber supuestamente científico o más bien de un consenso que establece una comunidad determinada (como la comunidad científica, por ejemplo)?, ¿esos consensos se hacen con conocimientos de manera exclusiva o se hacen con intereses que determinan el proceso hacia el consenso?

La dimensión ética no es algo que está solamente al final, como si se tratara de un problema de “aplicación del conocimiento”, puesto que está presente en muchos momentos de la producción del saber científico. Esto se puede ver si pensamos la relación de la actividad científica con respecto al mercado: ¿hasta dónde se condiciona la investigación por el financiamiento que tiene más interés en el mercado futuro de los fármacos y su relación con patologías cronificadas?, ¿de qué manera la investigación se burocratiza cuando la publicación y la medición de las publicaciones científicas son también un mercado y condicionan muchísimo la profesión del investigador?, ¿hasta dónde el excesivo biologicismo en el campo de lo psíquico no está motivado por un mercado de productos farmacéuticos?

Estas preguntas críticas no se hacen para irse al extremo opuesto del cientificismo, que son los fundamentalismos negacionistas que, hoy día, crecen por doquier y que miran conspiraciones por doquier. En realidad, el cientificismo es también un fundamentalismo, pero situado en el otro extremo. Pero así como la práctica de la ciencia es fundamental para nuestra sociedad, también es importante la reflexión crítica sobre las prácticas científicas y más aún contra las ideologías extremistas como el cientificismo.

En realidad, lo ético se plantea de modo más honesto desde una posición no cientificista. Porque el cientificismo opera por certezas, por convicciones, que se sustentan en doctrinas profesadas por “verdaderos conversos”, que ante la realidad actúan sin consideración alguna, cuando esa realidad que tienen por delante es, en el caso de los médicos, un sujeto de carne y hueso, que es más que un cuadro nosológico.

En cambio, el médico opera con el saber científico y con el instrumental técnico de su oficio, pero no sólo con ello: también con el conocimiento de los límites de ese saber, con la experiencia que le permite hacerse un juicio de tipo clínico y con su persona que es capaz de responder a otra persona que se halla bajo el dolor de su padecimiento y la vitalidad amenazada. Por eso los mejores médicos son capaces de mostrarse humildes ante la realidad del otro, de cada paciente, y confiados en sus capacidades y las de su equipo, pero sin la actitud desmesurada de los fanáticos que se creen conocedores de la verdad, por la repetición de su discurso cientificista.

Y precisamente porque el médico se coloca de cara a esa vitalidad amenazada, y no pocas veces frente al hecho definitivo de la muerte, es que su saber también requiere de la sabiduría (la phrónesis, como decían los griegos) de otros saberes y reflexiones, como los que le proporciona el arte, la filosofía y la cultura e incluso las tradiciones de espiritualidad.

Porque nadie mejor que el médico recuerda, de modo ineludible, que la finitud es la condición existencial de la vida y de la salud. Por eso es tan peligrosa la militancia ideológica del cientificismo para la medicina, y para sus pacientes.

A modo de conclusión

Estas notas están hechas desde el supuesto de que las ciencias diversas y otras disciplinas pueden tender puentes de diálogo, para la búsqueda de una mejor vida en común. Pero también están hechas en el contexto común que todos sufrimos de la pandemia actual. Ahora mejor que nunca hemos tomado conciencia de la importancia de los médicos y todo el personal sanitario, y les debemos muchísimo más que los aplausos que hacíamos en los meses del confinamiento.

Pero también es ahora cuando más hemos sido testigos del incremento de los fundamentalismos, como los negacionistas y también su otro extremo: el cientificismo, ese discurso que se levanta como un autoritarismo excluyente.

Son muchos también los médicos que, no desde el discurso de la ciencia, sino desde otros saberes y de la propia experiencia clínica quieren recuperar una visión más humanista o más integral en el abordaje de la realidad compleja del ser humano. Después de todo, la vida humana no se puede reducir a unas definiciones heurísticas o a biologicismos que sólo operan como apuntalamientos de certezas fanáticas, puesto que la evolución de la vida en nosotros se sigue expresando siempre en esa forma absolutamente singular que llamamos la subjetividad humana.

La grandeza de la ciencia, tal como dicen los auténticos investigadores científicos, no reside en sus certezas, sino en su incesante curiosidad y en la capacidad de asombro ante lo que ignora, ante lo que se muestra opaco a sus indagaciones.  Y la grandeza de los oficios que están al servicio de la salud de la gente, como la medicina, está en su misma vocación.

Ciertamente la medicina es un oficio que abreva del saber científico, pero no exclusivamente de él, puesto que la salud es un objetivo que ni siquiera podemos definir de modo taxativo (¿qué se entiende por salud? Y la respuesta no está cerrada). Pero sí que se puede seguir diciendo que la vocación de la medicina se pone al servicio de sus pacientes, de las personas que atiende, en ese modo tan bello que expresa el Dr. Peteiro: «es principalmente a médicos […] a quienes les es dado realizar del mejor modo ese vieja tarea de curar a veces, paliar con frecuencia y acompañar siempre».

***

[1] Cf. http://javierpeteirocartelle.blogspot.com/2020/10/de-cuerpos-y-almas-y-rivalidades.html

[2] Javier Peteiro Cartelle, El autoritarismo científico, Málaga: Miguel Gómez Ediciones, 2011.

[3] Cf. su entrada “sobre la vanidad de la ciencia”, en su blog “El gerente de Mediado”, del 26 de octubre de 2020: https://gerentedemediado.blogspot.com/2020/10/sobre-la-vanidad-de-la-ciencia.html#comment-form.

[4] Cf. Mario Bunge, Filosofía para médicos, Buenos Aires: Gedisa, 2012.

[5] Cf. Georges Cangilhem, Ideología y racionalidad en la historia de las ciencias de la vida: nuevos estudios de historia y de filosofía de las ciencias, Buenos Aires: Amorrortu, 2005. También Escritos sobre la medicina, Buenos Aires: Amorrortu, 2002.

 *Psicoanalista. Doctor en psicología y licenciado en teología. Colabora como profesor en el Màster d’Espiritualitat Transcultural a la Universitat Ramón Llull (Barcelona) y en la Facultad de teología SEUT (Madrid). Se dedica a la clínica en psicoterapia y en psicoanálisis. Es también pastor de una comunidad protestante en Barcelona, afiliada a la I.E.E. (Iglesia Evangélica Española, de tradición reformada y metodista). Miembro del Seminario Teológico de CJ.

[Imagen de Arvi Pandey en Pixabay]

Fonte:  https://blog.cristianismeijusticia.net/2021/06/10/el-peligro-del-cientificismo-sobre-medicina-medicos-y-pacientes Acesso 17/06/2021

Em marcha, a Educação uberizada

Professores são substituídos por aulas gravadas; as trocas coletivas, pelo ensino remoto; robôs para atender alunos. Discurso de modernização é usado para corte de verbas e precarização. Evitar distopia requer “trabalho vivo” e disputar as tecnologias

Sabemos o quanto cresce o mercado informal e, principalmente com a pandemia, temos ainda mais pessoas desempregadas, desalentadas e trabalhadores em condições precarizadas e pejotizadas [1]. As mudanças tecnológicas, que trazem consigo avanços exponenciais importantíssimos, também atingem e alteram diretamente as formas de exploração da mais-valia [2]. Dentre diversas categorias expostas à pandemia, os professores têm ficado no centro de uma polarização que coloca suas vidas em contraponto a uma pressão pela volta às aulas presenciais. Ao mesmo tempo, avança o debate do ensino híbrido para o pós-pandemia, com práticas de substituição de professores por robôs e turmas lotadas no ensino remoto. Em meio a tudo isso, onde fica o direito à vida digna, à saúde e à educação?

Tecnologia e Trabalho

A uberização é um processo no qual as relações de trabalho são crescentemente individualizadas e invisibilizadas, assumindo, assim, a aparência de prestação de serviços mediado pela tecnologia, aumentando a terceirização e a informalidade [3]. Um dos exemplos é o chamado “zero hour contract” (contrato de zero hora), que tem origem no Reino Unido e se multiplica pelo mundo ao permitir contratação de trabalhadores e trabalhadoras das mais diversas atividades, que ficam o tempo todo a disposição de uma plataforma digital, sem qualquer estabilidade ou vínculo trabalhista; e o chamado “sistema 9-9-6”, o qual significa trabalhar das 9 a.m até as 9 p.m, por 6 dias por semana.

Com a ampliação da informalidade no mundo digital, a expansão dos trabalhos autônomos e do empreendedorismo como suposto prêmio de contraponto à estabilidade do vínculo trabalhista, configura-se cada vez mais uma forma de assalariamento do trabalho, que frequentemente se traduz no proletário de si próprio, que autoexplora seu trabalho [4].

Como consequência dessas novas relações digitais de trabalho, o processo tecnológico-organizacional-informacional pode eliminar de forma crescente uma quantidade incalculável de força de trabalho, a qual se torna supérflua e sobrante, sem empregos e sem seguridade social. Assim sendo, mesmo com uma parcela de novos postos de trabalhos sendo criados para demandas cada vez mais complexas e específicas, ainda tem-se um crescente aumento de subempregos e precarização [5].

Na educação, já é possível identificar tal tendência sendo reproduzida para reduzir custos e aumentar os lucros. Seja com demissão em massa de professores em contexto de aulas remotas (na qual aulas superlotadas são distribuídas para uma menor quantidade de professores) ou com robôs utilizados para correção de atividades, existe uma tendência que timidamente se insere principalmente no ensino superior privado pelo Brasil. No extremo da distopia enfrentada, estudantes descobriram que estavam tendo aulas online em 2021 ministradas por um professor falecido desde 2019.

Surgem questões, pois até que ponto o ensino remoto, que deveria expandir e ultrapassar os limites da vivência acadêmica, não irá substituir professores por aulas gravadas? Ou até mesmo limitar a reflexão e o processo de aprendizagem ao inserir Inteligência Artificial e lógicas robotizadas para interagir com os estudantes? Até que ponto será preservada a função social das universidades e garantir o tripé de Ensino, Pesquisa e Extensão?

Para o mundo do trabalho, a principal consequência poderá ser a ampliação do trabalho morto [6] (mais maquinário digital, Inteligência Artificial, Algoritmos, Big Data e outras tecnologias emuladoras da realidade) como dominante e condutor de todo processo produtivo e com a consequente redução do trabalho vivo.

Ainda assim, é determinante ressaltar que não estão nas novas tecnologias em si os problemas a serem enfrentados, mas sim na instrumentalização destas tecnologias para pautar agendas de precarização do ensino que visam cumprir um desmonte das universidades brasileiras. Além do mais, especialmente no contexto de ensino-aprendizagem, é impossível dissociar educação e tecnologia; pelo contrário, ambas devem estar associadas pela qualificação do processo formativo.

Educação com Tecnologia

Nesse sentido, a tecnologia – abstrata e impalpável – não deve pautar unilateralmente a metodologia educacional e as práticas pedagógicas. Pelo contrário, a tecnologia – material e traduzida à realidade – deve servir como instrumento para ampliar e qualificar técnicas de ensino e metodologias que possam alcançar ainda mais estudantes. Isto é, não deve existir uma dicotomia e polarização entre “novas tecnologias” vs. “qualidade da educação”, uma vez que tais novas tecnologias podem e devem ser empregadas quando servirem ao princípio de aprimoramento da qualidade da educação. Caso contrário, qual o sentido?

Vale ressaltar que as profundas transformações da indústria 4.0 poderão impactar de diversas maneiras os mais diversos setores da nossa sociedade; e o debate educacional não estará isento deste processo. Se faz necessário debater constantemente este tema no âmbito acadêmico e pedagógico para evitar que o avanço das tecnologias sirvam de argumento para uberizar e precarizar a educação, submetendo nossos professores, estudantes e trabalhadores da educação à barreiras diversas no processo formativo.

Alertar também a tendência do atual Governo Federal brasileiro às políticas de enfraquecimento dos vínculos trabalhistas, menor proteção social e cortes no orçamento na pesquisa e educação. Sendo assim, agendas econômicas, como tal, podem ir ditando a forma com que essas novas relações vão se materializando na sociedade.

Olhando pela assistência social para as relações trabalhistas, por exemplo, na perspectiva do projeto ético-político da profissão, essas reflexões são fundamentais para compreender sob quais condições estarão submetidos trabalhadores e trabalhadoras, observando os mais atuais desdobramentos da Indústria 4.0 e seus impactos na exploração do trabalho, possibilitam formas de intervir que dialogam com as necessidades contemporâneas.

Na práxis, as mudanças tecnológicas nada mais são do que oportunidades de ou se avançar pela democratização de práticas que tragam o bem-estar à sociedade, ou, por outro lado, se concentrar tecnologia para domínio de classes. Cabe ao povo e aos trabalhadores se organizarem para que os rumos de novas tecnologias sirvam exatamente ao próprio povo, especialmente quando diz respeito à educação brasileira. Caso contrário, qual futuro distópico podemos esperar?


Referências:

[1] – Lobato; Silva; Collado; Saito; Pinheiro; Leite. Desalento no Brasil: Caracterização e Impactos da Pandemia. Boletim de Políticas Públicas. São Paulo. n.11, março de 2021. 2021. Disponível em: https://sites.usp.br/boletimoipp/wp-content/uploads/sites/823/2021/04/Lobato-et-al_marco_2021.pdf. Acesso em 31 mai. 2021.

[2] – Antunes, R (2018). O privilégio da servidão: o novo proletariado de serviços na era digital (São Paulo, Boitempo, coleção Mundo do Trabalho.

[3]; [4] e [5] – Antunes, R (2020). Uberização, trabalho digital e indústria 4.0. São Paulo. Boitempo.

[6] – Marx, K. O capital: crítica da economia política, Livro I: O processo de produção do capital (trad. Rubens Enderle, São Paulo, Boitempo, 2013, coleção Marx-Engels).

Fonte:  https://outraspalavras.net/tecnologiaemdisputa/em-marcha-a-educacao-uberizada/

O princípio compaixão e o Covid-19

Leonardo Boff*

 Compaixão durante a pandemia em estudo pioneiro | Press Point

Através do Covdi-19 a Mãe Terra está movendo um contra-ataque à humanidade como reação ao avassalador ataque que vem sofrendo já há séculos.Ele simplesmente está se defendendo. O Covif-19  é igualmente um sinal e uma advertência que nos envia: não podemos fazer-lhe uma guerra como temos feito até agora, pois está destruindo as bases biológicas que a sustenta e sustenta também todas as demais formas de vida, especialmente, a humana. Temos que mudar, caso contrário nos poderá enviar vírus ainda mais letais, quem sabe, até um indefensável contra o qual nada poderíamos. Então estaríamos como espécie seriamente ameaçados. Não é sem razão que o Covid-19 atingiu apenas os seres humanos, como aviso e lição. Já  levou  milhões à morte, deixando uma via-sacra de sofrimentos a outros milhões e uma ameaça letal que pode atingir a todos os demais.

Os números frios escondem um mar de padecimentos por vidas perdidas, por amores destroçados e por projetos destruídos. Não há lenços suficientes para enxugar as lágrimas dos familiares queridos ou dos amigos mortos, dos quais não puderam dizer um último adeus,nem sequer celebrar-lhes o luto e acompanhá-los à sepultura.

Como se não bastasse o sofrimento produzido para grande parte da humanidade pelo sistema capitalista e neoliberal imperante, ferozmente competitivo e nada cooperativo. Ele permiitu que 1%  dos mais ricos possuísse pessoalmente 45% de toda a riqueza global enquanto os 50% mais pobres ficasse com menos de 1%, segundo relatório recente do Crédit Suisse. Ouçamos aquele que mais entende de capitalismo no século XXI, o francês Thomas Piketty referindo-se ao caso brasileiro. Aqui, afirma, verifica-se a maior concentração de renda do mundo; os milionários brasileiros, entre o 1% dos mais ricos, ficam à frente do milionários do petróleo do Oriente Médio. Não admira os milhões de marginalizados e excluídos que esta nefasta desigualdade produz.

Novamente os números frios não podem esconder a fome, a miséria, a alta mortandade de crianças e devastação da natureza, especialmente na Amazônia e em outros biomas, implicada nesse processo de pilhagem de riquezas naturais.

Mas nesse momento, pela intrusão do coronavírus, a humanidade está crucificada e mal sabemos como baixá-la da cruz. É então que devemos ativar em todos nós uma das mais sagradas virtudes do ser humano: a compaixão. Ela é atestada em todos  os povos e culturas: a capacidade de colocar-se no lugar do outro, compartilhar de sua dor e assim aliviá-la. 

O maior teólogo cristão, Tomás de Aquino, assinala na sua Suma Teológica que a compaixão é a mais elevada  de todas as virtudes, pois não somente abre a pessoa para a outra pessoa senão que a abre para a mais fraca e necessitada de ajuda. Neste sentido, concluía, é uma característica essencial de Deus.

Referimo-nos ao princípio compaixão e não simplesmente à compaixão. O princípio, em sentido mais profundo (filosófico) significa uma disposição originária e essencial, geradora de uma atitude permanente que se traduz em atos mas nunca se esgota neles.Sempre está aberta a novos atos. Em outras palavras, o princípio tem a ver com algo pertencente à natureza humana. Porque é assim podia dizer o economista e filósofo inglês Adam Smith (1723-1790) em seu livro sobre a Teoria dos Sentimentos Éticos: até a pessoa mais brutal e anti-comunitária não está imune à força da compaixão.

A reflexão moderna nos ajudou a resgatar o princípio compaixão. Foi ficando cada vez mais claro para o pensamento crítico que o ser humano não se estrutura somente sobre a razão intelectual-analítica, necessária para darmos conta da complexidade de nosso mundo. Vigora em nós, algo mais profundo e ancestral, surgido há mais de 200 milhões de anos quando irromperam na evolução os mamíferos: a razão sensível e cordial.Ela significa  a capacidade de sentir, de afetar e ser afetado, de ter empatia, sensibilidade  e amor.

Somos seres racionais mas essencialmente sensíveis. Na verdade, construimos o mundo a partir de laços afetivos.Tais laços  fazem com que as pessoas e as situações sejam preciosas e portadoras de valor. Não apenas habitamos o mundo pelo trabalho senão pela empatia, o cuidado e a amorosidade. Este é o lugar da compaixão.

Quem trabalhou melhor que nós ocidentais foi o budismo. A compaixão (Karuná) se articula em dois movimentos distintos e complementares: o desapego total e o cuidado essencial. Desapego significa deixar o outro ser, não enquadrá-lo, respeitar sua vida e destino. Cuidado por ele, implica nunca deixá-lo só em seu sofrimento, envolver-se afetivamente com ele para que possa viver melhor carregando mais levemente sua dor.

O terrível do sofrimento não é tanto o sofrimento em si, mas a solidão no sofrimento. A compaixão consiste em não deixar o outro só. É estar junto com ele, sentir seus padecimentos e angústias, dizer-lhe palavras de consolo e dar-lhe um abraço carregado de afeto.

Hoje os que sofrem, choram e se desalentam com o destino trágico da vida, precisam desta compaixão e desta profunda sensibilidade humanitária que nasce da razão sensível e cordial. As palavras ditas que parecem corriqueiras ganham outro sonido, reboam dentro do coração e trazem serenidade e suscitam um pequeno raio de esperança de que tudo vai passar. A partida foi trágica mas a chega em Deus é bem-aventurada.

A tradição judaico-cristã testemunha a grandeza da compaixão. Em hebraico é “rahamim” que significa “ter entranhas”, sentir o outro com profundo sentimento.Mais que sentir é identificar-se com o outro.O Deus de Jesus e Jesus mesmo mostram-se especialmente misericoridiosos como se revela nas parábolas do bom samaritano (Lc 10,30-37) e do filho pródigo(Lc 15,11-32). Curiosamente, neste parábola, a virada se dá não no filho pródigo que volta mas no pai que se volta para o filho pródigo.

Mais no que nunca antes, face a devastação feita pelo Covid-19 em toda a população,sem exceção, faz-se urgente viver a compaixão com os sofredores como o nosso lado mais humano, sensível e solidário.

* Leonardo Boff escreveu com Werner Müller o livro Princípio compaixão&cuidado, Vozes 2009; Covid-19 A Mãe Terra contra-ataca a humanidade, Vozes 2020.

Imagem da Internet

Fonte:  https://leonardoboff.org/2021/06/16/o-principio-compaixao-e-o-covid-19/

Meio milhão de mortos e a busca por cientistas contra a ciência

 Alicia Kowaltowski*

 Por que o Brasil voltou a ser o epicentro global da Covid-19 - Olhar Digital

                       No distópico Brasil da pandemia, as opiniões minoritárias ganharam voz não apenas por meio das mídias sociais, mas também pelo apoio e pela difusão de grupos bolsonaristas organizados

 

    O senador Eduardo Girão ganhou atenção nas mídias sociais ao afirmar recentemente que a CPI da pandemia “precisa ouvir cientistas que são a favor e também os que são contra a ciência”. A fala viralizou entre meus colegas, pelo óbvio absurdo de se sugerir que existem “cientistas contra a ciência”.

    É minimamente estranho exigir que se procure cientistas que são contrários à ciência para demonstrar abertura a debates em discussões científicas, assim como seria bizarro pedir que se encontre agrônomos contra a agricultura, ou médicos contra a medicina. Mas, numa inversão de valores que caracteriza a gestão, é exatamente isso que aparenta ter sido o foco do governo federal. Esta administração indica ministros da Educação sem educação, ministra da Mulher, da Família e dos Direitos Humanos que é excludente dos direitos de muitas famílias e humanos, e ministro do Meio Ambiente focado na destruição de nosso patrimônio natural. Não se limita a ter ministros da Saúde cujo maior qualificador é se dobrar aos desejos e mandos da presidência, enquanto ignoram a saúde. Vai além, criando um ministério paralelo para garantir melhor aderência à estratégia inconsequente de se manter uma pandemia sob total descontrole.

    Se olharmos os integrantes e consultores do tal ministério paralelo, perceberemos que alguns se parecem bastante com cientistas. Possuem posições acadêmicas, até mesmo em instituições de renome, como aquela em que eu atuo. Publicam trabalhos acadêmicos, e têm títulos compatíveis com o rótulo de cientista. Em minha definição do termo, não o são, pois não respeitam o método científico, baseado em evidências, testagem de hipóteses, consensos e adaptação sempre que surgem melhores evidências. Mas entenderia perfeitamente se uma pessoa sem conhecimento específico da área se convencesse com esses históricos, e assim acreditasse nas suas afirmações anticientíficas. É aqui que seria importante o papel das instituições, que em teoria congregam as opiniões dos grupos que representam e apresentam o melhor conhecimento conjunto do momento. Infelizmente, no Brasil da pandemia, as instituições nos falharam completamente. O Ministério da Saúde é domado pelo presidente, e ainda subjugado pela assessoria paralela, enquanto o Conselho Federal de Medicina, lastimavelmente, atua de forma hipócrita e nada hipocrática.

    Um estudo da sociedade americana de medicina demonstra que nos EUA, onde há amplo acesso às vacinas contra covid-19, 96% dos médicos estão completamente vacinados (contra 43% da população geral). Dos 4% restantes, quase a metade tem a intenção de vacinar ou completar a vacinação. Não duvido que dentre os 2% restantes haja médicos praticantes americanos que são contrários ao uso de vacinas. A existência de “médicos contra a medicina” é possível pelo simples fato de indivíduos humanos serem muito diversos. Mas sabemos também que são pouquíssimos, e que sua atuação seria sem consequências se não tivessem voz através das mídias sociais, usando a ciência para negar a ciência.

    Exigir que se procure cientistas que são contrários à ciência para demonstrar abertura a debates em discussões científicas é tão bizarro quanto pedir que se encontre agrônomos contra a agricultura ou médicos contra a medicina

    No Brasil da pandemia, as opiniões minoritárias distopicamente ganharam voz não somente pelos caminhos informais das mídias sociais, mas também apoio e difusão por meio de grupos bolsonaristas organizados. O Brasil da pandemia procurou os raros anticientistas com credenciais aparentemente científicas e amplificou sua voz, de modo que as ações coletivas do governo federal foram exatamente o contrário do que é internacionalmente e cientificamente recomendado.

    A ficção está repleta de representações do contrário, justamente por que mostrar tudo ao avesso traz luz à lógica da normalidade, pela contraposição fictícia ao absurdo: Mauricio de Sousa criou o personagem Do Contra, DC Comics criou o Mundo Bizarro (ironicamente sediado num planeta-cubo, e portanto adequado para terraplanistas...), e Lewis Carroll criou “Alice através do espelho”, narrativa contraposta à “Alice no País das Maravilhas”. A Alicia que aqui escreve gostaria muito de acordar e descobrir que as aventuras distópicas da pandemia através do espelho foram apenas um sonho, mas sabe que isso não vai acontecer. Por isso, e sabendo que temos um governo que procura, amplifica e dissemina a anticiência, não vejo como lidar com a situação sem me posicionar e praticar a antianticiência.

    Se o presidente causa e participa de aglomerações, denuncie-as, e mantenha-se isolado. Se o presidente diz que cloroquina, ivermectina ou sei lá qual vitamina cura covid-19, não tome, e não permita que ninguém faça uso de medicamentos comprovadamente ineficazes. Se apoiadores do presidente mandam informações por mídias sociais, ignore e leia veículos jornalísticos de respeito como fonte de informação. Se o presidente quer um “estudo” para liberar as pessoas vacinadas ou que já adoeceram de usar máscaras, continue usando máscaras e faça questão de cobrar o uso correto dos outros. Se o presidente questiona a segurança de vacinas e se recusa a vacinar, vacine-se assim que chegar a sua vez, com a vacina que estiver disponível no posto. Seja o anti-Bolsonaro.

    Façamos nosso dever conjunto de demonstrar que somos a maioria e que respeitamos o melhor conhecimento coletivo que a ciência moderna permitiu adquirir, além da memória de meio milhão de brasileiros mortos por incompetência e malevolência de liderança. Ser pró-Bolsonaro é perpetuar a distopia e o sofrimento da pandemia. Não caia nesta toca de coelho!

*Alicia Kowaltowski é médica formada pela Unicamp, com doutorado em ciências médicas. Atua como cientista na área de Metabolismo Energético. É professora titular do Departamento de Bioquímica, Instituto de Química da USP, membro da Academia Brasileira de Ciências e da Academia de Ciências do Estado de São Paulo. É autora de mais de 150 artigos científicos especializados, além do livro de divulgação Científica “O que é Metabolismo: como nossos corpos transformam o que comemos no que somos”. Escreve quinzenalmente às quintas-feiras. 

Imagem da Internet

Fonte: https://www.nexojornal.com.br/colunistas/2021/Meio-milh%C3%A3o-de-mortos-e-a-busca-por-cientistas-contra-a-ci%C3%AAncia?utm_source=NexoNL&utm_medium=Email&utm_campaign=anexo

 

quarta-feira, 16 de junho de 2021

Como a ciência ajuda suas chances de sucesso?

Por Claudio Garcia

Grace Lordan, da LSE, indica insights da área de ciências comportamentais para serem aplicados na carreira — Foto: Divulgação

Grace Lordan, da LSE, indica insights da área de ciências comportamentais para serem aplicados na carreira — Foto: Divulgação

Grace Lordan, autora do livro “Think Big” e professora na London School of Economics and Political Science, diz como a ciência comportamental pode explicar a falta de evolução profissional

Atingir metas profissionais pode ser exaustivo, e não raro algumas pessoas travam no meio do caminho para serem bem-sucedidas, sem saber o que fazer a seguir. Foi esse tipo de situação observada por Grace Lordan, professora de ciência comportamental e diretora da iniciativa inclusiva na London School of Economics and Social Sciences. Ao dar aulas ou aconselhar empresas sobre como aplicar as ciências comportamentais à gestão, ela notou que as pessoas sempre ficavam curiosas sobre como usar esses conceitos em suas carreiras.

Em “Think Big”, seu novo livro, Grace nos ajuda a entender como transformar planos em ações, com o respaldo de pesquisas científicas experimentadas e testadas, inclusive por ela mesma. Dentre muitas dicas práticas que podem ser encontradas no livro, ela compartilha algumas das principais razões que fazem as pessoas encalharem na tentativa de prosperar e por que, mesmo com as desigualdades de privilégios, elas ainda têm opções para superá-las:

·       Preferências inconsistentes com o tempo: “O motivo de já esquecermos promessas de Ano Novo na metade de janeiro são as preferências inconsistentes com o tempo — um termo usado pela ciência comportamental que justifica o fato de grande parte das pessoas normalmente não realizarem seus objetivos de longo prazo por não terem autocontrole.

“Nós valorizamos ser felizes hoje, sacrificando nossa felicidade no futuro. A maioria de nós tem uma predileção clara por usufruir hoje quando sabe que não trará recompensas no futuro”  

Simplificando, na maioria das vezes é improvável que optemos por ficar três horas escrevendo um romance ou aprendendo mandarim quando poderíamos passar esse tempo no bar com os amigos ou assistindo à televisão.”

·       Falácias de planejamento: “É a tendência de consistentemente subestimar o tempo para realizar uma atividade, mesmo quando as pessoas estão cientes de que, no passado, precisaram de mais tempo para realizar tarefas similares. Erramos ao dimensionar o tempo, não o custo. Ao planejarmos algo, pressupomos o melhor dos cenários, mesmo quando nosso histórico nos demonstra diferente.”

·       Foco na resistência: “Além de termos a ambição de dar um passo à frente, é realmente necessário focar na nossa resiliência e controlar a aversão às perdas. Precisamos nos livrar da tendência de prestar mais atenção àquilo que não estamos fazendo bem e negligenciar o que conquistamos. Isso afeta negativamente a sua sensação de utilidade no momento, assim como leva a um efeito indireto que o torna muito mais suscetível a escrever uma narrativa de vida em que as coisas não vão bem para você. Pessoas são muito mais propensas a obter êxito quando controlam sua aversão às perdas e ideias que surgem quando pensam em fracassar.”

“Precisamos nos livrar da tendência de prestar mais atenção àquilo que não estamos fazendo bem e negligenciar o que conquistamos”  

·       Privilégio: Não há como ignorar a parcela de responsabilidade do privilégio em interromper o sucesso de muitas pessoas. Em 2018, um estudo da Organização para a Cooperação e Desenvolvimento Econômico (OCDE) descobriu que uma família brasileira pode levar nove gerações para ascender a uma classe social distinta. “Eu converso com tantas pessoas que dizem que precisamos contratar os mais habilidosos, mas no fim dão a vaga a algum familiar ou alguém do círculo de amizades. Fundamentalmente, é isso que nos impede de entrar em um lugar onde as pessoas são recompensadas pelo seu talento. A pauta da inclusão está chamando atenção para isso. Uma pessoa de um contexto socioeconômico mais baixo tem menos controle sobre o início de sua carreira, por isso é importante focar e tirar vantagem do que pode ser controlado".

"Além disso, há ocasiões em que você pode colocar a sorte a seu favor e as ciências sociais dão várias dicas nesse sentido. Por exemplo, quando estou levantando recursos para minha startup, posso considerar que a questão não esteja apenas no produto ou em minhas habilidades e talento. Talvez o que realmente importe é a narrativa. Ou, se tenho uma entrevista, talvez o horário e o simples fato de eu ir de manhã aumente minhas chances de conseguir o trabalho. Permita-se manipular o processo de maneiras que possa recuperar alguns dos privilégios que você não teve necessariamente acesso ao nascer".

Fonte: https://valor.globo.com/carreira/coluna/como-a-ciencia-ajuda-suas-chances-de-sucesso.ghtml

A trajetória filosófica de Giorgio Agamben

                                            Ari Marcelo Solon*

                            Fritz Wotruba (1907-1975), Große Skulptur , 1972.

Comentário sobre o livro recém-lançado de Adam Kotsko.

Adam Kotsko oferece em Agamben’s Philosophical Trajectory uma chave de leitura alternativa àquela subjacente a muitas das interpretações disponíves dos textos do autor. Essas interpretações pressupõem e enquadram esse conjunto de textos como pedras em um monumento ou um templo, a liga entre uma multiplicidade de palavras de uma trajetória intelectual de meio século a operar como uma “dispensa oculta,” rendendo-as como meros mecanismos, sem os quais o espírito do gênio não teria corpo.

Ao assim proceder, na tradição que nos foi legada pelo romantismo tardio, essas interpretações não tanto criticam, quanto comentam os textos que têm diante de si, e ao assim fazê-lo, contribuem como escravos a um senhor, para seu acréscimo e nutrição, ao invés de marcarem sua sobrevida. Não é sem alguma ironia então que parcela considerável dos comentários dedicados aos escritos de Giorgio Agamben acabe restando em contradição com aquilo que esses textos, quando lidos de outra perspectiva, como aquela proposta por Kotsko, chamam e inspiram, quer dizer, que eles sejam desoperados e não interpretados, mas sim usados – para que mil “Agambens” possam florescer, para me remeter diretamente às palavras de Kotsko.

O capítulo primeiro é dedicado ao que outros autores chamam de fase “apolítica” de Agamben. Para Kotsko, não se trata tanto de uma fase apolítica, mas de um desgosto perante as opções que se lhe afiguravam na época da Guerra Fria, entre os anos 1980 e 1990, fazendo com que Agamben se voltasse a uma teoria geral da linguística e uma busca da experiência individual através das ciências humanas.

O segundo capítulo passa a tratar da fase chamada “política” de Agamben, em que se tem início o projeto que lançaria Agamben ao centro do palco da teoria politica contemporânea. À luz da tragédia iugoslava, mas também como uma contribuição ao debate entre Jean-Luc Nancy e Maurice Blanchot acerca da noção de comunidade, Agamben escreve Homo Sacer (ed. UFMG), o homem sagrado que não poderia ser sacrificado, mas ainda assim morto. Valendo-se da distinção entre zoe e bios tal qual articulada por Hannah Arendt, mas também do messianismo fraco de Walter Benjamin. Correspondentemente, Benjamin citando Maimônides, enfatizava como a diferença entre o mundo atual e o mundo messiânico seria, em última instância, ínfima.

Marcada a distinção entre essas duas fases, o terceiro capítulo “Em busca do método” trata da expansão e armação do projeto Homo Sacer, rumo aos domínios da teologia. Em Paulo, Agamben encontra estratégias para avançar em relação ao messianismo fraco de Benjamin, dando a uma palavra que se lhe tornaria tão cara quanto como que sua assinatura, potencialidade, um importante índice histórico. Não se trataria, assim, de apenas um messianismo fraco, mas um Hōs me, um como se não, o inverso de uma ficção, a desoperação da ficção que, ao interroper o curso do tempo, antecipa uma era messiânica pensada de um modo original.

O quarto capítulo mostra como a conclusão de Homo Sacer leva ao uso dos corpos. O uso, ao contrário da obra, implica na desoperação. Ao se desoperar seja a liturgia, seja a lei, têm-se a abertura de um espaço de experiência marcado pela noção de uso, resgatada através da leitura cuidadosa de textos consagrados da tradição ocidental, esse modo de leitura que designamos no início e que, argumentavelmente, pode ser lido no esforço de Kotsko ao propor para que se comece a usá-lo para ler Agamben ele próprio. O quinto capítulo, por sua vez, dedicado a obras tardias, oferece uma explicação interessante para a decisão em editar todos os volumes da série Homo Sacer em uma única obra.

Para além de interesses biográficos, baseados nas conversas que Adam Kotsko travou com Giorgio Agamben em sua casa em Veneza, Kotsko mobiliza esses fragmentos da vida do autor de maneira criativa, desoperando a relação entre vida e obra constitutiva dos cânones de interpretação ainda vigentes no campo das humanidades. Em uma formulação elegante acerca de um esforço filosófico que se lançou no desafio de pensar o contemporâneo, Kotsko sugere que em sua fase apolítica, Agamben foi mais contemporâneo.

Em contraste, em sua fase política, ao ser explicitamente contemporâneo, Agamben acaba estando fora do tempo. De fato, é difícil não ler nesse caráter talvez a sua principal contribuição à arqueologia como método. A arqueologia de Agamben, segundo Kotsko, não busca encontrar uma arche no sentido de um comando a forçar tudo a vir a ser necessariamente no modo pelo qual veio a ser. Pelo contrário, Agamben buscaria inserir um espaço entre nossa tradição e a origem, rendendo a tradição algo contingente e sem fundamento. Argumentavelmente, é o esforço em inserir esse espaço na obra de Agamben, desoperando-a enquanto tal e revelando-a em termos de uma trajetória, que caracteriza e destaca a originalidade e importância de Agamben’s Philosophical Trajectory.

*Ari Marcelo Solon é professor da Faculdade de Direito da USP. Autor, entre outros, livros, de Caminhos da filosofia e da ciência do direito: conexão alemã no devir da justiça (Prismas).

Referência


Adam Kotsko. Agamben’s Philosophical Trajectory: The Development of a Contemporary Thinker. Edimburgo, Edinburgh University Press, 2020, 240 págs.

Fonte: https://aterraeredonda.com.br/a-trajetoria-filosofica-de-giorgio-agamben/?utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_campaign=novas_publicacoes&utm_term=2021-06-16

Médicos, médiuns e as mulheres

 Luiza Nagib Eluf*

Médico do Trabalho | Sindicato dos Bancários

A falta de educação e decoro é a regra que nos vem de um passado colonial truculento...

16 de junho de 2021 | 03h00

Todo ser humano, quase sem exceção, em algum momento da vida precisará curar-se de alguma doença ou de algum mal-estar. A regra geral é que as pessoas procurem assistência à saúde mental e física, para si ou para outrem, com muita frequência, tendo em vista o aumento da longevidade e os problemas físicos e mentais dela decorrentes – além dos desmatamentos, do desequilíbrio ecológico, das epidemias, da poluição ambiental, da falta de saneamento básico, da alimentação muito processada e da superpopulação.

Alguns médicos são considerados “deuses”, amados por pacientes que lhes devem a vida. No entanto, como o ser humano não é perfeito, aliás, muito pelo contrário, a busca pela cura em certas ocasiões desemboca em armadilhas. E o Brasil, por alguma razão ainda não plenamente elucidada, vem mostrando seu lado obscuro e cruel da busca pela saúde.

Foi assim que nos confrontamos com médicos que abusavam e até estupravam mulheres no próprio consultório – vários casos ficaram muito conhecidos depois da revelação da conduta desses profissionais. Algo estarrecedor, inadmissível e até inimaginável em razão do grau de crueldade que foi relatado pelas vítimas.

O Código Penal brasileiro prevê várias modalidades de crimes sexuais, dentre as quais podemos citar o estupro, a violação sexual mediante fraude, o assédio sexual, a importunação sexual e a corrupção de menores, além de outras formas de agressão. Nunca esperávamos, porém, que tais condutas escabrosas pudessem ocorrer dentro de consultórios médicos, hospitais, templos religiosos e outros locais de “salvação”, com tamanha frequência.

Além dos médicos propriamente ditos, o Brasil é pródigo em curandeiros. Podemos considerar que João de Deus tenha sido o mais emblemático dessa categoria, sendo sua conduta suficientemente grave para passar à nossa história, por ter praticado estupros e outros abusos sexuais contra meninas, adolescentes e moças em situação de vulnerabilidade. Da mesma forma que alguns médicos adotaram conduta antiética ao tratar de suas pacientes, aqueles que se apresentavam como tendo o poder de cura espiritual também se achavam no “direito” de se aproveitar da fragilidade alheia. São pessoas sem escrúpulos, que criaram as condições propícias para atacar pacientes fragilizadas por causa de enfermidades próprias ou de familiares.

Além das ocorrências envolvendo mulheres que buscavam ajuda médica, psicológica ou espiritual para si mesmas ou para terceiros, ainda se verifica no Brasil o desrespeito do paciente homem com relação à mulher médica ou enfermeira. A internet vem se mostrando palco de numerosas reclamações trazidas por mulheres da área da saúde que sofrem abordagens inadequadas ou mesmo agressivas no atendimento a pacientes homens. Uma das envolvidas nesse tipo de situação publicou recentemente no UOL que um paciente de ortopedia, após fazer-lhe insistentes elogios, pediu-lhe que abaixasse a máscara para ele “ver esse sorriso lindo”.

Embora a médica tenha sido dura contra esse tipo de desrespeito, ela afirma que as brincadeiras de mau gosto continuam acontecendo, da mesma forma que um tratamento íntimo descabido, como ser chamada de “meu anjo” ou “mocinha”.

Por sua vez, a farmacêutica de um hospital em Brasília postou na internet que um senhor se dirigiu a ela dizendo: “Embrulhada assim já é linda, imagine descascada”. Tendo sido essa a gota d’água para seus nervos, a moça informou que, a partir daí, desenvolveu transtorno de ansiedade e ficou anos sem emprego.

Não há dúvida de que esse tipo de tratamento desrespeitoso, dirigido às mulheres, mesmo que em geral não constitua crime, pode provocar prejuízos psicológicos.

O Brasil é pródigo em ocorrências envolvendo mulheres de todas as classes sociais que já sofreram ataques físicos, sexuais, morais, psicológicos, patrimoniais, etc., por terem procurado profissionais desrespeitosos, sem saber, em momentos de dor e fragilidade. A falta de educação e de decoro é a regra que nos vem de um passado colonial truculento, espoliador, estuprador e assassino.

Está claro que, em nosso país, ninguém defenderá verdadeiramente as mulheres, a não ser que elas mesmas o façam. Temos leis suficientes para a proteção da vida e da integridade da população feminina e muitos agressores vêm sendo punidos nos últimos anos, mas ainda é pouco. Buscamos, agora, que fatos desabonadores da nossa cultura patriarcal parem de acontecer por uma tomada de consciência da população e pela união das mulheres em torno de seus direitos.

Pessoas que sofreram abusos praticados por parentes, amigos, profissionais da saúde, curandeiros, colegas de trabalho, superiores hierárquicos, treinadores esportivos, professores, chefes ou subordinados não mais devem ficar caladas. Denunciar é necessário, acima de tudo para valorizar as vítimas, punir agressores e colaborar para que outras pessoas venham a ser poupadas.

*ADVOGADA EM SÃO PAULO. SITE: WWW.LUIZAELUF.COM.BR. E-MAIL: LUIZAELUF@TERRA.COM.BR 
Imagem da Internet
Fonte:  https://opiniao.estadao.com.br/noticias/espaco-aberto,medicos-mediuns-e-as-mulheres,70003747748

A geração Alfa cresce e pode nos ensinar alguma coisa

 http://www.ihu.unisinos.br/images/ihu/2021/06/16_06_mae_filha_computador_foto_unsplash.jpg

"As plataformas digitais desempenharam um papel preponderante em toda a fase pandêmica: para a escola, trabalho, informação e tempo livre. Foi apenas uma overdose, uma intoxicação da qual devemos nos desintoxicar? Ou surgiram práticas que podem lançar uma nova luz sobre a nossa relação com um mundo cada vez mais digitalizado? E o vínculo entre as gerações, que em muitos casos se fortaleceu para enfrentar a emergência, pode receber um novo impulso com a experiência adquirida neste ano e meio, também graças à nova consciência das potencialidades do digital que são tudo menos "virtuais"?, questionam Chiara Giaccardi, socióloga italiana, professora da Universidade Católica de Milão e especialista em mídias digitais, e Sara Sampietro, em artigo[1] publicado por Avvenire, 15-06-2021. A tradução é de Luisa Rabolini.

Eis o artigo.

A segunda onda de COVID 19 finalmente parece estar em recesso, mas os efeitos psicossociais da pandemia ainda precisam ser avaliados. Se a geração dos idosos foi afetada de forma mais dramática, e a mais vulnerável aos efeitos potencialmente letais do vírus, e se os adultos tentaram se reinventar, especialmente no âmbito do trabalho, nos jovens e especialmente nas crianças, o impacto ainda precisa totalmente ser verificado.

As plataformas digitais desempenharam um papel preponderante em toda a fase pandêmica: para a escola, trabalho, informação e tempo livre. Foi apenas uma overdose, uma intoxicação da qual devemos nos desintoxicar? Ou surgiram práticas que podem lançar uma nova luz sobre a nossa relação com um mundo cada vez mais digitalizado? E o vínculo entre as gerações, que em muitos casos se fortaleceu para enfrentar a emergência, pode receber um novo impulso com a experiência adquirida neste ano e meio, também graças à nova consciência das potencialidades do digital que são tudo menos "virtuais"? Se, como argumentava Bernard Stiegler, é a educação que faz as gerações (que não são pura sucessão cronológica entre ascendentes e descendentes, mas transmissão de conhecimentos, experiências e saberes), talvez possamos vislumbrar uma nova aliança possível, a partir de uma reciprocidade, onde até os pequenos têm algo a ensinar aos adultos.

Otimistas, inclusivos, curiosos e verdes: essas são as características dos jovens da geração Alfa (nascidos a partir de 2010) que apareceram no "Gen Alpha Docet", o estudo aprofundado dedicado às repercussões da pandemia entre os menores que se insere na Opinion Leader 4 Future, um programa de pesquisa trienal da Alta Scuola em Mídia, Comunicação e Entretenimento (Almed) da Universidade Católica, em colaboração com Relações com as Mídia Relation do Credem Banco. A pesquisa foi realizada pela Tips Ricerche em uma amostra de 600 crianças entre 5 e 11 anos de todo o território italiano, por meio de grupos de discussão e entrevistas.

Mostra-se que é possível “adotar” as potencialidades do desenvolvimento digital em contextos relacionais afetivamente densos e calorosos. Dobrando-o a objetivos relacionais em vez de se deixar instrumentalizar por ele.

Como se informam os Alfa?

A partir da pesquisa constatou-se que do ponto de vista midiático as crianças apresentam grande flexibilidade e capacidade de utilizar diferentes plataformas e diferentes linguagens (entre os dispositivos mais utilizados se destacam as smart TVs, citadas por 51%, smartphones 35% e tablets 29%). Em termos de temas, os Alfa são atraídos pela natureza, pela ciência e pelo futuro (empenho e responsabilidade com o meio ambiente são relevantes para 71% do maior segmento do target). Eles buscam ativamente informações sobre seus interesses e seus personagens favoritos, usando motores de busca e especialmente o YouTube (essencial para 45% de 8-10) e interagindo em plataformas sociais como TikTok (aumentou de 2019 de 13% para 35%) e Twitch ( + 7%).

O efeito da pandemia nos hábitos de informação dos Alfa

A pandemia desmontou as rotinas dos Alfa. Eles conheceram a dúvida e a incerteza. Eles viram seus pais sob pressão. Eles temeram pela saúde de seus avós (a ponto de muitos rebatizarem a Covid como "a gripe dos avós"). Suas relações sociais diminuíram: se encontraram pouco com os amigos, frequentaram à escola de forma intermitente e tiveram que abandonar os esportes e atividades fora de casa.

Porém, também houve muitos aspectos positivos, inclusive a possibilidade de passar mais tempo com os familiares, muitas vezes redescobrindo-os: "Meu pai faz rir, ele é legal mesmo quando está em uma reunião de trabalho, eu o ouvia sempre", conta Roberta, 9 anos.

Aos poucos, foram se acostumando a um cotidiano mais tranquilo, pontuado por ritmos lentos e livre de programação. Aprenderam novas habilidades ligadas à vida doméstica (por exemplo, cozinhar e cuidar do jardim). Se durante o primeiro lockdown a resiliência e o otimismo parecia ter prevalecido, especialmente no período de verão, a segunda onda proporcionou uma sensação de déjà-vu e cansaço, mas também abriu as condições para uma nova esperança. É verdade que se adicionou ao cansaço causado pela emergência prolongada de uma espécie de saturação das informações, às vezes percebida como ansiógena e contraditória. De modo geral, porém, as informações os ajudaram a entender a situação, a se preparar, mas também a se sentir parte de uma comunidade pronta para enfrentar o problema.

Para entender o que estava acontecendo, eles escolheram a família como seu primeiro "filtro", ao mesmo tempo em que desenvolviam um senso crítico e uma atitude "ativa" em relação à TV e às redes sociais. Tiveram, assim, oportunidade de ter contato com temáticas novas para eles, como a política, da qual começaram a internalizar os rostos e as lógicas.

Margherita, de 8 anos, conta: “Tinha o Conte (foi, durante a primeira onda da pandemia o primeiro-ministro italiano)  como chefe, depois brigaram e votaram novamente ... Eu vi na TV quando eles votaram novamente”.

Mostraram também uma forte vontade de participar, o que resultou num interesse cada vez mais constante pelas questões ambientais, mas também na ativação a favor da reabertura das escolas. Eles entraram em campo. Como Anita, a jovem de 12 anos de Turim, líder do movimento “School for future”.

Alpha docet

Muitos são os ensinamentos que as gerações mais adultas podem aprender dos mais novos sobre os meios de comunicação: não ceder ao tédio, à repetição e ao hábito; permanecer curiosos e abertos, descobrindo continuamente novas possibilidades; cultivar uma atitude casual mas também proativa em relação às inovações tecnológicas (para 36% estar tecnologicamente equipados e competentes é uma prioridade) e preferir conteúdos capazes de contar de forma original e fiel a complexidade do quotidiano, para além dos clichês e estereótipos.

Eles encontram as informações nos motores de busca, no YouTube e interagindo com plataformas sociais como TikTok e Twitch, mas também conversando em família sobre aquilo que a mídia propõe e desfrutando do prazer dos consumos midiais compartilhados, construindo juntos aquela que Roger Silverstone chamava de uma “economia moral” capaz de filtrar de forma crítica e construtiva as tantas vozes que lotam o cenário midiático de uma forma muitas vezes cacofônica. Vittorio, de 10 anos, explica isso muito bem: "Já fazia um tempo que não víamos TV juntos, porque à noite meus pais tinham tantas coisas para fazer, mas quando estávamos em casa fizemos isso muitas vezes ... foi bom ficar todos juntos, no sofá e falar sobre as coisas!".

Questionamo-nos, justamente, se a sociedade digital não afrouxará cada vez mais os laços entre as gerações. Um resultado que não parece remoto, se nos limitarmos a “adaptar-nos” a um contexto cada vez mais marcado por lógicas tecnocráticas e de mercado. Mas isso não impede de agir diversamente, e de “adotar” as potencialidades oferecidas pelo desenvolvimento tecnológico, com todas as ambivalências que o caracterizam, dentro de contextos relacionais afetivamente calorosos e intertemporalmente densos. Dobrando-o, portanto, para os fins relacionais, em vez de deixar colonizar as relações por lógicas que as instrumentalizam e as fragmentam. Na era digital, uma nova aliança entre as gerações, cada vez mais necessária, também pode passar por aqui.

Nota:

[1] Pesquisa da Alta Scuola em Mídia, Comunicação e Entretenimento da Universidade Católica de Milão sobre 600 crianças de 5 a 11 anos.

Fonte:  http://www.ihu.unisinos.br/610215-a-geracao-alfa-cresce-e-pode-nos-ensinar-alguma-coisa

O enigma de Milan Kundera, o clássico fugidio

Milan Kundera em fotografia cedida por sua editora em 2014.

Milan Kundera em fotografia cedida por sua editora em 2014.EFE

Dois livros investigam os mistérios do mestre tcheco, afastado da vida pública há décadas, e a relação que mantém com seu país, que esta semana concedeu-lhe sua maior glória literária, o Prêmio Kafka

Milan Kundera mora no centro de Paris, em um dos bairros da cidade, e talvez do mundo, com a maior concentração de jornalistas, editores e pessoas vinculadas ao mundo das letras. Aos 92 anos, sua saúde piorou, mas até pouco tempo tinha vida social. Era visto na rua e em restaurantes, e cultivava um amplo círculo de amigos e conhecidos.

O autor de A brincadeira, A insustentável leveza do ser e outros romances e ensaios que são clássicos da literatura contemporânea tinha tudo para estar sob os holofotes na rive gauche parisiense, onde vive há décadas com sua inseparável Vera. E ainda assim, por anos e anos, conseguiu escapar da exposição pública. Existem poucas fotos recentes dele. Mantém um controle rígido sobre suas obras publicadas e traduzidas. Resume sua biografia em duas frases: “Milan Kundera nasceu na antiga Tchecoslováquia. Em 1975, instalou-se na França”. O resto não importa: o que conta são os textos. Não dá entrevistas nem participa de eventos com câmeras e fotógrafos.

Tampouco compareceu à Embaixada da França em Praga na quinta-feira, quando foi agraciado com o prestigioso Prêmio Franz Kafka, que antes tinham merecido Philip Roth, Margaret Atwood, Peter Handke e Eduardo Mendoza, entre outros. O prêmio foi recebido, em nome do escritor, pela tradutora de sua obra francesa para o tcheco, Anna Kareninova.

Um quarteto interpretou obras de Pavel Haas, professor de composição do jovem Kundera em sua cidade natal, Brno, que morreu em Auschwitz em 1944. Haas era o pai de sua primeira esposa, Olga Haas, “apagada do romance oficial”, escreve a jornalista francesa Ariane Chemin em À la recherche de Milan Kundera (Em busca de Milan Kundera), um dos livros recentes que investiga a vida de um autor que sempre considerou que sua biografia não tinha nenhum interesse.

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A cerimônia não poderia ser mais kunderiana. Lá estava seu idolatrado Kafka, “o menos compreendido de todos os grandes escritores do século passado” que, como ele mesmo escreveu, “mistura o grave e o ligeiro, o cômico e o triste, o sentido e o absurdo”. Lá estava a ausência de Kundera, um dos últimos gigantes vivos das letras do século XX, um clássico fugidio. E lá estava também sua complexa relação com seu país natal —então Tchecoslováquia, agora República Tcheca, em seus romances a Boêmia e a Morávia estão presentes– uma relação um pouco mais distendida, mas não totalmente apaziguada.

A nostalgia impregna as últimas páginas do livro de Ariane Chemin, baseado em uma série de reportagens publicadas no Le Monde. “Em seu espírito”, escreve, “os Kundera estão em Brno, na Morávia”, embora continuem em Paris.

“As recordações voltam, talvez seja nostalgia, um movimento natural ao envelhecer”, diz o ensaísta Christian Salmon. Antes de ser autor de livros festejados como Storytelling: bewitching the modern mind (algo como enfeitiçando a mente moderna, em tradução livre), Salmon foi o braço direito de Kundera no legendário seminário de literatura que deu nos anos oitenta na Escola de Altos Estudos em Ciências Sociais, em Paris, e é um bom amigo da família.

O momento para a reconciliação poderia ser propício, depois de décadas de desencontros. O regime comunista proibiu seus livros, expulsou-o do partido e espionou-o depois da Primavera de Praga, em 1968. Auxiliados por seus amigos intelectuais franceses, Milan e Vera foram para a França, primeiro para Rennes, na Bretanha e depois para a capital.

Após a Revolução de Veludo, em 1989, e a queda do bloco comunista, as coisas não se resolveram imediatamente. Kundera, cuja nacionalidade havia sido retirada pelo antigo regime, já era cidadão da França e adotou o francês como língua literária. Faltava-lhe o pedigree resistente do dramaturgo e pai da nova nação Vaclav Havel: tampouco ele o havia buscado, pois, uma vez na França, sentiu-se incomodado com o rótulo de dissidente e dedicou-se ao romance. Fugia dos holofotes e da imagem do intelectual midiático que dá opinião sobre tudo sem saber de nada. Se era um escritor comprometido, o era com sua arte.

“No fundo, Kundera pensa que a arte do romancista é antagônica ao lirismo, ou seja, a uma certa forma de se mostrar, que hoje se tornou dominante entre os autores que se vendem na imprensa ou nas redes sociais”, explica Salmon. “Ele pensa que o trabalho tem precedência em relação ao autor, porque o autor acaba reduzindo e simplificando a obra. Não é uma postura de eremita, mas de afastamento da vida pública e, sobretudo, da mídia. É uma espécie de afirmação de uma escolha: o romancista deve eclipsar-se por trás da obra”.

Com o tempo, os gestos entre Kundera e a República Tcheca se multiplicaram. Em 2007, ganhou o Prêmio Nacional de Literatura. Em 2018, o primeiro-ministro Andrej Babiš visitou-o em seu apartamento no VII distrito de Paris e alguns meses depois o embaixador restituiu-lhe a nacionalidade. Os Kundera doaram sua biblioteca e seus arquivos à cidade de Brno.

A normalização, no entanto, não foi concluída. A percepção de Kundera na República Tcheca e em outros países não é idêntica, segundo Jan Novák, autor de Kundera: Český život a doba (Kundera: sua vida e seus tempos tchecos), uma biografia de 900 páginas publicada em 2020. “Aqui as pessoas conhecem seu passado. No exterior ele pôde reescrever sua biografia”, diz Novák. “Acredito que é um grande escritor, mas é um personagem problemático.”

No prólogo do livro Novák põe em dúvida que a famosa alergia de Kundera ao gênero biográfico —e sua insistência em que o importante é a obra, não o autor— obedeça “a um postulado estético ou filosófico”. Afirma que “parece muito mais algo estritamente defensivo e calculado: Kundera não gosta de rever sua vida”. Segundo ele, esconde algo. O quê?

O passado stalinista

“Seu passado stalinista”, responde Novák. “No início dos anos cinquenta, era um poeta totalmente stalinista. Era um poderoso funcionário literário. E deixou a Tchecoslováquia com a bênção do Governo, com parte de sua biblioteca e em seu carro, ao contrário das pessoas expulsas depois da invasão russa de 1968. Em seus primeiros anos na França, comportava-se como um bom cidadão socialista tchecoslovaco”.

Novák aborda no livro o episódio que sempre ressurge quando se discute o passado de Kundera na Tchecoslováquia do pós-guerra. Em 2008, a revista Respekt revelou, depois de investigar nos arquivos da segurança do Estado, um documento que dava a entender que, em 1950, o jovem Kundera denunciou um opositor que acabou condenado a 22 anos de prisão. Kundera rompeu seu silêncio para negar a acusação.

Tudo isso pode ter esfriado a reconciliação. Ariane Chemin, que manteve contatos frequentes com a esposa do escritor para preparar suas reportagens e o livro, explica por telefone que há alguns anos os Kundera tinham o projeto de retornar ao seu país, “mas aconteceu essa história do arquivo e o artigo da Respekt, e isso impediu o retorno”. E é assim que Milan e Vera continuam em Paris, mas com a mente em outro lugar, sua velha pátria. “Estão em lugar nenhum”, diz Chemin. “É o lado trágico desta história.”

Reportagem Por Marc Bassets

Paris - 12 jun 2021 - 13:27 BRT

Fonte: https://brasil.elpais.com/cultura/2021-06-12/o-enigma-milan-kundera-o-classico-fugidio.html